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Cuando el enemigo del bienestar es la política.

Algo que pedimos a la política es que sirva para mejorar el bienestar y la calidad de vida de la ciudadanía. Si la política no es capaz de mejorar la vida de sus ciudadanos, se convierte en el «homo homini lupus». Es decir, cuando el ser humano actúa como el peor enemigo de su propia especie y la política se convierte en el enemigo del bienestar y del futuro.

Hablar de los servicios del Estado de bienestar, es hablar de sanidad, de educación, de pensiones, de dependencia. En definitiva, servicios universales de ayuda a las familias. Que debería de incluir desde una sanidad sin esperas. A las guarderías y educación en general. Un sistema que garantice las pensiones de nuestros mayores. Unos servicios domiciliarios para personas de la tercera edad, aparte de residencias o centros de día. Además, de otros servicios para los grupos vulnerables y personas con discapacidad.

Donde si el Estado no garantiza los derechos sociales básicos y no es capaz de asegurar la distribución equitativa de la riqueza. Se convierte en el enemigo del bienestar, en contra también de la igualdad de la mujer. Porque cuando se habla de familias hablamos de mujeres. Porque ellas históricamente, son las que tienen que compaginar el trabajo familiar con el profesional. Aparte, de muchas veces dejar de trabajar para encargarse de cuidar a los hijos, a los ancianos y a las personas con discapacidad.

Pero, no es solo un problema para la mujer, es de las familias. En las cuales todos sus miembros sufren la falta de un estado de bienestar, tanto las madres, padres como los hijos. La política debe servir para garantizar los derechos. Derecho a la sanidad, a la educación, a una pensión y a que todas las familias tengan acceso a los servicios de ayuda a la familia.

No podemos aspirar a una sociedad en la que solo la gente de renta alta puede tener esos servicios cubiertos. Se puede entender las dificultades económicas que supone cubrir las insuficiencias del Estado del bienestar español. Pero, esa es una obligación política y mediática, que de no solucionarse, tendrá grandes consecuencias humanas y económicas.

Por eso a veces, uno se sorprende y se enoja, de que partidos políticos como PP, Vox, Junts y UPN voten en contra. Mientras que Podemos y la diputada de Compromís Águeda Micó opten por la abstención. Impidiendo que este martes prosperaran los objetivos de estabilidad, planteados por el Gobierno de España para el periodo  2027 y 2029. Se puede mantener diferencias en el debate político, en el fondo por cuestiones ideológicas, valores y objetivos. Puede haber diferencias en las formas, por culpa de matices o procedimientos. Pero, no votar en contra del bienestar de las familias.

Votar en contra o abstenerse en contra de la senda de déficit, de 5.849 millones de euros. Decidirá si las comunidades autónomas y los ayuntamientos tendrán más recursos. Y, se podrán financiar los servicios públicos. No se entiende que la política se convierta en el enemigo del bienestar y de la igualdad. La política no puede ser tan ruín, que vaya en contra de los intereses de la ciudadanía.

A la ciudadanía no nos sirve el único objetivo de votar en contra de Pedro Sánchez y su Gobierno. Y, dejar de ingresar millones de euros que son muy necesarios para la educación, para la sanidad y para los servicios sociales. Estamos convirtiendo la política en el «homo homini lupus», en el peor enemigo para nosotros mismos. Porque votar en contra de la senda de estabilidad no perjudica al Gobierno: perjudica a los ciudadanos y a los servicios públicos.

¿ Cómo se puede reclamar reiteradamente más fondos para sufragar el incremento del gasto sanitario, educativo y social ? Y, votar en contra de que las Comunidades Autónomas tengan más capacidad de gasto. Pero, también tiene la culpa el Gobierno, que lleva tres ejercicios sin presupuestos, prorrogados los de 2023. Cuando el enemigo del bienestar ha sido también el propio Gobierno.

No se puede usar el estado de bienestar y el querer presentar unos nuevos presupuestos para 2027. Sin tener mayoría y siendo un año electoral. Senda y gasto no saldrán adelante. Para la derecha es una irresponsabilidad y en clave electoralista. Sin embargo para el Gobierno es una necesidad. Al final, los que perderemos seremos los de siempre. Y, muchas y muchos, en las próximas elecciones con su voto a la derecha, votarán en contra de todo lo que es equidad, progreso y bienestar.

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