La población mundial ha alcanzado este martes los 8 mil millones de personas, la población del planeta no para de crecer, aunque la tasa de crecimiento es cada vez más baja. En 1950, según la ONU decía que había cerca de 2.6 mil millones de personas, en 1987 se alcanzaron los 5 mil millones, los 6 mil millones se lograron en 1999, en 2011 el mundo llegó a los 7 mil millones de habitantes en 2011, y 11 años después está en los 8 mil millones. Las previsiones es que entre el 2080 y 2100 llegaremos a más de 10 mil millones de personas.

Una quinta parte de los ingresos mundiales van a parar a los bolsillos del 1 por ciento más rico, el mundo no está bien repartido, y es necesario hacer algo para cambiarlo. Aunque tengamos la tecnología y la capacidad de producir alimentos suficientes para abastecer a toda la humanidad. existe un problema en la distribución de los recursos. El consumo creciente de recursos naturales, genera cambios sobre el medio ambiente que afectan a las condiciones básicas de la biosfera a escala mundial, por lo que debemos gestionar de forma adecuada nuestro desarrollo futuro.

El sistema neoliberal y la economía de mercado han venido a reducir la población y frenar el crecimiento demográfico, como decía Malthus hace doscientos años. Cada vez hay más nuevos pobres, la extrema pobreza sigue existiendo, con muertes por hambre y enfermedades, en especial en África y América latina. Pero, la pobreza sigue aumentando en los países industrializados del primer mundo. El beneficio está por encima de la gente, en especial de aquellos que son pobres. Las prácticas empresariales son el juego de apropiación de beneficios, tratando de acumular ganancias a cualquier costo. Donde el triunfo del individualismo, nos sitúa lejos del bien común y de la justicia social, a la que deberían aspiran las sociedades democráticas.

De los 8 mil millones de personas, el número de milmillonarios en la lista Forbes aumenta, pero más aún la cifra de los pobres. La pobreza es un problema de derechos humanos, donde el hambre, la malnutrición, la falta de una vivienda digna y el acceso limitado a otros servicios básicos como la educación o la salud es una necesidad para millones de personas en el Primer y en el Tercer Mundo. Es poco probable que se alcance los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, de poner fin a la pobreza extrema en todo el mundo a más tardar en 2030, mientras sigan las crisis económicas, una pandemia y el desinterés por parte de los Estados de poderlo solucionar. La mayor parte del costo de la pandemia recayó sobre los más pobres, las crisis económicas aceleran las diferencias sociales entre ricos y pobres. De los 48 países más pobres del mundo, más de tres cuartas partes se encuentran en el continente africano, donde las sequías persistentes y generalizadas causan escasez de alimentos y problemas médicos y sociales conexos. Además, de inestabilidad política, conflictos étnicos o religiosos. Dichas emergencias humanitarias crean inmigración y muerte, ante la indiferencia de los países más ricos.

Ocho mil millones de personas, donde el PIB per cápita, nos sirve para evaluar cuán pobre o rica es una nación u otra. Pero, también el incremento de pobres en las sociedades supuestamente más desarrolladas. Vivimos en una economía actual que se ve afectada por los monopolios y el control de la banca, donde los ciudadanos ven cada vez más lejano su acceso a un trabajo y sueldo digno, el acceso a la salud, educación, seguridad ciudadana,… Y, donde cada persona que nace se ve atrapada en la pobreza, en la especulación y en la codicia humana.

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