El Congreso de los Diputados  y el Senado han guardado un minuto de silencio en memoria de la exalcaldesa de Valencia y senadora, Rita Barberá, fallecida esta mañana en Madrid de un infarto. Está claro que cualquier persona merece ese mínimo respeto, pero hay que separar la vertiente política de la personal. Los minutos de silencio, es una costumbre, cuando sobreviene una desgracia, guardando un minuto de silencio en memoria de los fallecidos.

Al comienzo de la primera sesión de control al Gobierno en el Congreso de la legislatura, la presidenta de la Cámara baja, Ana Pastor, ha trasladado su pésame a su familia y allegados. A continuación ha pedido que se guardara un minuto de silencio en memoria de la senadora, del que se han ausentado los diputados de Unidos Podemos. Sin embargo en el Senado, los senadores de Unidos Podemos sí que se han sumado al minuto de silencio por Rita Barberá.

Un minuto de silencio, en la sede de la soberanía popular significan un homenaje político a una persona que quizás no se lo merecía, a pesar de haber fallecido. Una cosa es demostrar el máximo respeto para la familia de la senadora y otra que el Congreso y el Senado guarde un minuto institucional.

La muerte de Rita Barberá se ha convertido en un acto de cinismo e hipocresia, de afirmar que era inocente, honrada y una gran política víctima de una cacería a haberla obligado a abandonar el PP por parte de su propio partido. La muerte no te hace ni mejor ni peor,pero morirse no te convierte ni en mártir ni te da la razón.

Mi respeto,mis condolencias pero mi incomprensión a hacer una beatificación de una persona que participó en el presunto pitufeo de 1.000 euros en Valencia, sus despilfarros con el dinero público: sus gastos faraónicos y su indemostrable corrupción después de su muerte.

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