Seres humanos, mujeres y hombres, personas, serían diversas formas de referirnos a lo que somos nosotros mismos. Todas las personas nacemos con iguales derechos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice en su artículo 1, que: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Según, el filósofo Immanuel Kant, la diferencia que hay entre las cosas y las personas, es que las cosas, tienen un valor relativo al que llamamos precio, pero las personas tienen un valor absoluto en sí mismas al que llamamos dignidad.

La dignidad está en reconocer a todos los seres humanos, sin exclusión alguna, los derechos universales, que son una garantía para la igualdad y la no discriminación: todo ser humano nace libre y en igualdad en cuanto a dignidad y a derechos se refiere. Aunque, la realidad sea muy diferente, porque en muchos países no velan por su respeto y los seres humanos son discriminados por motivos de nacionalidad, raza, creencias o cualquier otro motivo.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, define a un migrante como cualquier persona que se desplaza o se ha desplazado a través de una frontera internacional o dentro de un país, es decir cualquier persona, tanto refugiados y refugiadas, que huyen de persecuciones, por guerras, hambre o victimas de desastres naturales. Personas que no tienen derechos en sus países de salida, de tránsito y de llegada. Seres humanos que sufren la violación de los Derechos Humanos de las personas. Que son testigos del fracaso de la política migratoria y de la falta de solidaridad, soportando el cierre de fronteras y la exclusión.

El endurecimiento de los controles fronterizos y las restricciones al movimiento de personas a las personas que quieren huir de sus países, está suponiendo un riesgo cada vez mayor y que les obliga a recurrir a canales migratorios peligrosos, como cruzar el Mediterráneo. La oportunidad de reconstruir sus vidas acaba esperando en una campo de refugiados o muriendo en el mar. Son los olvidados, los que rellenan unos segundos de los telediarios o unas simples líneas en los periódicos. Se han convertido en noticias mediáticas, virales y que dejan de serlo con el olvido de la sociedad, como las 630 personas migrantes que viajan en el Aquarius.

El Aquarius se ha convertido en un foco mediático, pero esas personas no son diferentes a las que llegan cada día en pateras y son declarados migrantes irregulares según la ley de extranjería, resolviendose en un expediente de devolución, en libertad o en un CIE. Todos tienen derecho a pedir asilo, pero muy pocos podrán acogerse e intentar regularizar su situación. Las personas del Aquarius esperan ante la negativa de Italia a que alguién les trate como lo que son: personas con dignidad.

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