Acaba 2.014, un año de resignación, de conformidad, de ese permanente «es lo que hay» ante la corrupción,ante el desempleo, ante los desahucios, ante los recortes, ante la reforma laboral, ante la violencia de género… Perdemos poco a poco la autoestima, nos comenzamos a hacer preguntas ¿Hasta dónde y cuánto debemos aguantar? Y, siempre encontramos voces que nos dicen: «suerte que tienes trabajo», «que dure», «cobro poco pero otros cobran menos», «por lo menos tenemos salud», «ten paciencia», Dios aprieta pero no ahoga

Nuestra cultura intenta buscar las soluciones, las explicaciones a lo que nos pasa en un halo de resignación cristiana que lo pone todo en manos de la voluntad divina o en el destino.La resignación como actitud de vida lleva a la pasividad y al pasotismo. ¿Por que debemos resignarnos ante la injusticia social y económica,a las guerras,al hambre…? Decía Honoré de Balzac que «la resignación es un suicidio cotidiano» y  me gustaría añadir que la resignación tiene que ver más bien con la apatía,con el conformismo,con la dejadez de afrontar un problema y de buscar soluciones y rebelarse.

SI Dios existe, seguro que no lo quiere así, porque no es justo vivir en un valle de lágrimas, porque cuanto mas se sufra mayor será nuestro premio, porque los ricos cada vez son más ricos y poderosos a costa de otros que sufren la falta de casi todo y la injusticia. Lo importante es no darse por vencido, luchar por lo que uno quiere e intentar lograr el cambio de esta sociedad injusta, a través de nuestras reflexiones, de los movimientos sociales y de nuestro voto. No a la resignación y al conformismo, no como renuncia a afrontar y resolver las desigualdades y desequilibrios sociales. No luchar, es hacerse cómplice de las injusticias sociales. No es suficiente con desearnos Feliz Año 2.015, es necesario cambiar para mejorar, eliminar las injusticias y las desigualdades.

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