La lengua refleja, transmite y refuerza los estereotipos de nuestra sociedad, cambiando nuestro lenguaje, contribuimos a una sociedad con menos desigualdades. Ahora, cuando se habla y se escribe, está aumentado el uso del lenguaje inclusivo y no sexista. Al principio por razones de corrección política, después por reivindicación del feminismo, ahora como una necesidad de tener un lenguaje más justo, que no invisibilice a la mujer y que sea menos machista.

La RAE no está a favor del lenguaje inclusivo y en contra de la tendencia actual del desdoblamiento del sustantivo, en su forma masculina y femenina: niños y niñas, ciudadanos y ciudadanas,  trabajadores y trabajadoras, vosotros y vosotras… Podemos referirnos a través del género gramatical masculino, es decir, si decimos «nosotros» incluimos lo masculino y lo femenino, sin embargo al decir nosotras, solo se representa a las mujeres.

A lo mejor, el lenguaje inclusivo es una forma redundante, que crea dificultades de concordancia, que va contra el principio de economía del lenguaje y complica muchas veces la redacción y la lectura, pero es una forma no sexista de hablar y escribir, donde todos y todas estemos incluidos. El lenguaje no es inocente, los sesgos cognitivos afectan a nuestro procesamiento de la información y se plasman a través de él. Cuando usamos el masculino genérico, muchas veces nos olvidamos de la presencia de las mujeres. Hemos de evitar un lenguaje masculino, porque cuando decimos «niños», no pensamos en que puede haber niños y niñas, y de manera consciente o inconsciente omitimos a las niñas. El lenguaje debe reflejar por igual a hombres y mujeres.

Debemos olvidar la utilización andrócentrica del lenguaje, porque según el uso que le demos, seguiremos creando diferencias y postergando a las mujeres. No es solo emplear el sustantivo en su forma masculina y femenina, sino emplear nombres colectivos que hagan referencia tanto a hombres como a mujeres; feminizar los cargos y profesiones ejercidos por mujeres pensando en el lenguaje para que no sea sexista ni discriminatorio. Contra el comportamiento sexista de las personas: el llamar señora o señorita; el llamar por el nombre a las mujeres y por el apellido a los hombres; el empleo de expresiones  coloquiales  claramente machistas… Si la sociedad toma conciencia de la importancia de todos estos tic sexistas del lenguaje, comprobaremos cómo las palabras tienen influencia en las ideas y en las conductas de las personas. 

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