La democracia no consiste en el gobierno de las mayorías, se debe respetar y proteger los derechos de las minorías, cuando los ciudadanos no encuentran soluciones a sus problemas, cuando la decepción con la política y con sus políticos es notoria, cuando escuchan mensajes y soluciones fáciles a temas complejos, las derechas nacionalistas y la ultraderecha tienen la oportunidad de conseguir más votos y romper el Estado democrático. En las elecciones de Andalucía, la ultraderecha ha conseguido 12 escaños y más de 400.000 andaluces y andaluzas han votado a un partido antieuropeísta, xenófobo, racista, homófobo y machista, que quiere expulsar a los inmigrantes, derogar la ley sobre la violencia machista y suprimir las autonomías.

Debemos respetar la decisión democrática y son tan válidos los votos de quien han votado a Vox, como al resto de partidos. Y, también estoy convencido de que muchos de quienes les han votado, lo han hecho por decepción con los partidos tradicionales. Esas personas que reivindican unos principios y unos valores que creen perdidos, que buscan soluciones a sus problemas y que han dejado de creer en la democracia, en el estado de las autonomías y en la respuesta del Estado a las pretensiones independentistas de Catalunya. Incluso algunos han decidido votar a la extrema derecha, como voto de castigo a la corrupción, desencantados del PP, defensores de una extrema derecha frente a lo que entienden como una extrema izquierda y como opción de cambio, ante los 36 años de poder socialista en Andalucía.

Andalucía se convierte en un laboratorio de pruebas,para las siguientes elecciones europeas que se celebrarán entre los días 23 y 26 de mayo y que coincidiran previsiblemente con las municipales y autonómicas. El voto de la decepción, de nuevo puede ir a la extrema derecha y todos los posibles pactos entre las tres derechas: PP, Ciudadanos y Vox en Andalucía, pueden repetirse en toda España. La izquierda no ha sido capaz de conseguir el voto de la decepción, ni incluso ganar ese voto de los hartos de la corrupción y han perdido el voto de los indignados, que un día supo aglutinar Podemos.

Vox como el Partido Nacionalsocialista de Hitler, en las últimas elecciones democráticas celebradas en Alemania, en 1932, tiene la oportunidad de conseguir muchos votos, de entrar en sistema para destruirlo desde dentro. Hitler llegó a formar gobierno por la ausencia de una estrategia entre socialistas y comunistas, comenzó a romper el Estado democrático desde dentro, convocó unas nuevas elecciones en marzo de 1933, consiguió la mayoría absoluta y posteriormente se dedicó a exterminar judíos, comunistas y otros grupos minoritarios con ciudadanía alemana. Las comparaciones son siempre odiosas, la ultraderecha tiene legitimidad porque le votan y quizás tiene muchos defectos, pero no engaña: quieren cambiar lo que no les gusta… 

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