El ruido es molesto y es confuso. Más importante que atenuarlo, es no hacerlo. Vivimos rodeados de contaminación acústica: los gritos, los coches, las sirenas, las alarmas y hasta los pitidos del Whatsapp. Ahora, solo nos faltaba escuchar ruido de sables, que desde la intentona golpista del 23-F, no se escuchaban. Cuando una inmensa mayoría entendió que lo militar debe quedarse en los cuarteles y lo civil se soluciona en las urnas, como tiene que ser en una sociedad democrática.

El ruido asusta, pero más cuando se oye ruido de sables. El hecho de que un militar, policía o guardia civil exprese una opinión en público o en un medio de comunicación no debería ser un problema contra la seguridad del Estado, ni poner en entredicho la subordinación debida al poder político. Pero, cuando algunos quieren salvar a España sin presentarse a unas elecciones; cuando se conspira para meter miedo; cuando la razón parece que solo tiene un camino, con el ordeno y mando. Se está rebasando la libertad de expresión y se están erigiendo en portavoces de un sentir, que no es compartido por la mayoría de la sociedad.

El ruido de sables tiene un tinte viejuno, que procede de aquella España procedente de los pronunciamientos decimonónicos, hasta la dictadura de Franco, cuyo objetivo era tener presencia militar en la vida política. Parece que salen nostálgicos de tiempos pasados, salvadores de la patria, que expresan su disconformidad en «lo que es y debe ser España y si se ha de mantener su integridad y cómo hacerlo».(«Ruido de sables o poner el bastón sobre la mesa»

El «procés» catalán ha desencadenado comentarios y posibles «soluciones», de algunos altos militares, para acabar con el separatismo. Hay descontento también, con las alianzas que ha contado, Pedro Sánchez para alcanzar el gobierno. Otros están disgustados por la inminente exhumación de Franco y alaban la figura del dictador. Un comisario de la Policía Nacional, invita a un torturador franquista, «Billy el Niño» a un acto oficial en Madrid. El jefe superior del Cuerpo Nacional de Policía en Navarra, que ha presentado hoy su dimisión, tenía una cuenta privada en Twitter para insultar a los políticos.

Me resisto a pensar que pueda haber una involución para restaurar los valores perdidos, que haya servidores públicos que se conviertan en salvaguardas de una patria sin ninguna objetividad y con fines espurios. Si según el Articulo 8.1 de la Constitución Española: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional». Así, con ruido de sables, no se defiende ni a España ni a la Constitución. El riesgo del ruido es peligroso y el miedo es libre. Que acabe el ruido, por favor…

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