El ingreso mínimo vital no es una «paguita» para todo el mundo, tenga trabajo o no. No es una forma de cobrar por no hacer nada, ni siquiera es consagrar la ley del mínimo esfuerzo para los que no tienen ganas de trabajar, no encuentran trabajo o simplemente prefieren cobrar del Estado. Estos argumentos y otros similares los escucharemos y leeremos por parte de la ultraderecha y de su caverna mediática, para demostrar que es totalmente injusto que unas personas cobren del Estado y otras tengan que mantenerlos. No se les pasa por la cabeza que sea una forma de solidaridad con los que menos tienen, con los que luchan contra la pobreza severa o simplemente que es un derecho «para que nadie se quede atrás»  tal como lo definió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Vivimos en la sociedad de la Teoría de dos pasos de Lazarsfeld, en la que la ciudadanía no recibimos la información directamente, son los líderes de opinión los que en primera instancia difunden su información en el relato político. Puede servir un «hashtag» en Twitter, un «meme» satírico, un comentario por Facebook” o un vídeo en Youtube para que ciertas personas crean la información que les plantean y convertirse en fieles conversos, sin ni siquiera llegar a cuestionarse si lo que les dicen está bien o mal, simplemente lo dan por cierto. Muchas personas estarán convencidas de que con su esfuerzo y con sus impuestos, van a mantener a unos vagos que no se esfuerzan y que no quieren trabajar.

Ellos no quieren comprender que es similar a las Pensiones No Contributivas, una forma de protección que elimine la pobreza más severa. Una manera de proporcionar a las familias sin ingresos una renta que les permita afrontar las necesidades más básicas, combatir la desigualdad, terminar con la pobreza infantil, compensar otras protecciones o percepciones que les permita vivir dignamente. Es simplemente, una renta para los más pobres. Tenemos la experiencia de comentarios despectivos, por ejemplo la experiencia del PER, que fue impulsado en zonas rurales deprimidas de Andalucía y Extremadura con una alta tasa de paro, para que contratasen a trabajadores eventuales agrarios (jornaleros) en paro y facilitar así un periodo de empleo y el acceso a un subsidio especial de desempleo. Y, durante años algunos han pensado que andaluces y extremeños se conformaban con la «paguita». Incluso algunos piensan que estas formas «de dar dinero por nada», es una forma de mantener un clientelismo puro y duro a favor de ciertos partidos políticos.

El Consejo de Ministros de ayer viernes, ha dado luz verde al Real Decreto-Ley por el que se pone en marcha un Ingreso Mínimo Vital en España. Se ha conseguido un derecho para los más pobres, conseguir que sea una nueva pata del Estado del bienestarque permitirá apoyar a muchos hogares vulnerables y conseguir tener una sociedad más justa y solidaria. Acabemos con las colas del hambre, las personas que necesitan ayuda no quieren limosnas, no quieren sentirse humillados ni inferiores a nadie. No es suficiente con el compromiso de adhesión a una causa colectiva real y de pública necesidad como significa la solidaridad de tantas ONG. Es el Estado el responsable de asumir dicha responsabilidad, por eso el Ingreso Mínimo Vital es un derecho.

2 comentarios en “El Ingreso Mínimo Vital es un derecho.”

  1. Seguro que habrá personas que desde su posición ideológica y quizás también económica, pensaran que lo que hay que hacer es quitar las «paguitas», las ayudas, las subvenciones,,los ERE, las prejubilaciones… Y, lo que hay que hacer es «querer trabajar». Espero que dichas personas cambien de opinión con razones y no porque pierdan su trabajo o su estabilidad económica. Una crisis sanitaria como la del Covid-19, ha podido hacer cambiar a muchos, por desgracia, su opinión y su situación.

    Que nadie haga demagogia para decir que el Ingreso Mínimo Vital favorecerá a migrantes, a la etnia gitana o a todas las personas marginadas por algún tipo de dependencia tóxica o delictiva. Que no nos cuenten que servirá de efecto llamada para acoger a todos los refugiados africanos que van a llegar a nuestras fronteras, que no se juegue con el racismo y la xenofobia para afirmar que ellos también cobrarán la «paguita».

    Que no nos engañen diciendo que este gobierno «socialista, comunista, bolivariano» va a destinar los recursos del país a hundirlo y convertirlo en una república con un cierto tufillo cubano o venezolano. Por favor, hará falta control y transparencia para dar el Ingreso Mínimo Vital, seguro que habrán casos de picaresca y de engaño, pero esos no son argumentos para que “a veces, los árboles no nos dejen ver el bosque”. La realidad es que la pobreza y la desigualdad existen en nuestra sociedad, no siendo suficiente con la solidaridad, muchas veces hay que crear leyes para que defiendan a los más necesitados…

  2. Esperemos que el Ingreso Mínimo vital no sea como dar un «carnet de pobre» para toda la vida y sea una forma de avanzar para las personas que están atravesando un mal momento económico, no algo de lo que no puedan separarse nunca. El Ingreso Mínimo Vital no se puede quedar en propaganda, ni ser algo que sea tan limitado, que deje a miles de personas sin ese derecho. Y, pensar que debe de beneficiar a todas las personas que han perdido su estabilidad en esta crisis del coronavirus.

    No se puede pensar solo en las personas que estaban en la pobreza severa antes, una manera de excluir es que: «el cómputo de ingresos se tendrán en cuenta los obtenidos por los beneficiarios durante el ejercicio anterior a la solicitud». Lo cual significa que quedarán excluidas las personas que el año pasado podían tener un puesto de trabajo y que ahora lo hayan perdido. Un Ingreso Mínimo Vital tiene que pensar en las personas y no dejar a nadie en el camino.

    El Ingreso Mínimo Vital junto a la Ley de Dependencia son las leyes más sociales de un Gobierno en España, lo ha conseguido este Gobierno de coalición, con todos sus defectos y equivocaciones, pero quizás uno conservador jamás lo hubiera aplicado. Esa es la gran diferencia entre votar a unos o a otros…

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