La palabra egoísmo etimológicamente, procede del latín “ego”, que significa “yo”. Es hacer las cosas por nosotros mismos, sin pensar en los demás. Pensando que lo que hacemos nos beneficia o simplemente no nos perjudica. El egoísmo es esa parte mala, ruin, mezquina, nada altruista, poco solidaria de los seres humanos, que busca solo satisfacer los deseos y necesidades de unos, olvidando la de otros. Que genera desigualdad. La pandemia del Covid-19, ha significado el tener que priorizar la salud de la comunidad antes que el interés económico, lo que ha creado diferentes dilemas ideológicos y políticos. Ahora, que más del 70% de la población española tiene ya la pauta completa de la vacuna contra el coronavirus, mientras sigue la campaña de vacunación para cubrir al 100% de la población diana, el ministerio de Sanidad espera el posicionamiento de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) para tomar una decisión sobre la administración de una tercera dosis de la vacuna.

Según las cifras de la plataforma Our World in Data, que pueden consultar en este gráfico interactivo, mientras en algunos países se está poniendo una tercera dosis de refuerzo a personas ya vacunadas, millones de personas en todo el mundo ni siquiera han recibido su primera dosis. África todavía no ha podido vacunar ni siquiera al 5 % de su población. El primer mundo se olvida que el virus viaja y muta. Que no es suficiente con inmunizar a los países ricos, si los demás no están vacunados. En muchos países la proporción de población vacunada es cercana al 0. Porque existe la injusticia de que hay países en el mundo que tienen la capacidad para proteger a su población gracias a una vacuna y otros que no. Al igual que ciertos países se mueren de hambre y sus ciudadanos tienen que migrar. Esto no es solo egoísmo e insolidaridad, es una temeridad cuando hablamos de la salud de todos.

Para tratar de paliar la brecha de vacunación y dar un equitativo reparto de vacunas entre países ricos y pobres, está el COVAX, el mecanismo de Acceso Mundial a las Vacunas COVID-19, una red colaborativa a nivel mundial que es escasa y no funciona. Lo mismo que, los 688 millones de personas que pasan hambre de forma regular y el posible objetivo incumplido de hambre cero para 2030 de la ONU. No basta con las ONG, las reacciones de ayuda ante las catástrofes, el sacrificio de muchos profesionales de la salud, o el altruismo de unos pocos. Tiene la culpa el sistema económico y el egoísmo por el capital. Hemos de pensar que el interés individual debe partir de un comportamiento colectivo, que tiene que haber una preocupación colectiva por los más necesitados, aplicando políticas de solidaridad. El virus seguirá conviviendo con nosotros y mutando, mientras millones de personas sigan sin poderse vacunar.

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