Cuando se emplea las palabras en sentido negativo, se puede producir un efecto boomerang, un resultado contrario al que se persigue. Una manera de que regresen las afirmaciones y acusaciones hechas de una manera multiplicada. La vida es como un boomerang, en donde tanto para el bien como para el mal, lo que damos nos los devuelven. Es aquello de que “Quien siembra vientos, cosecha tempestades”. Aunque muchas veces, las acciones que hacemos en la vida no siempre generan las mismas consecuencias. Porque, puedes ofrecer bondad y recibir intolerancia; puedes dar amor y recibir odio; no siempre recibes lo mismo que das a los demás. Pero, eso normalmente, nos nos impide el dar lo mejor de nosotros, sin esperar el fruto futuro; teniendo la confianza que los demás nos pagarán con la misma moneda, pensando que los demás se comportarán bien si nosotros también lo hacemos antes.

Esto evidentemente que a nivel político no es así. Los políticos siempre buscan atacar, averiguar las debilidades y los defectos; mintiendo, manipulando la realidad y calumniando a los contrarios. Los políticos ponen la política al servicio de sus intereses personales y de sus ambiciones de poder; demasiadas veces con falta de honestidad y de ética en sus actuaciones y sus decisiones; donde perpetúan su poder basado en el clientelismo político. Con excesivos egos, demasiada demagogia, inmoderado voluntarismo, poca efectividad, nulo respeto a sus rivales y a quienes les votan. Es curioso que la mayoría de ocasiones, no son castigados en las urnas por sus equivocaciones, ni por sus mentiras, ni siquiera por la corrupción. Son esclavos de sus palabras y dueños de sus silencios, pero cuando hablan, muchas veces, se olvidan de callar.

En estos meses de pandemia del Covid-19, la derecha ha intentado sacar temas para atacar al Gobierno de España, como responsables de todo lo malo. La tardía reacción en declarar el estado de alarma; la sanidad pública colapsada; la falta de personal sanitario y de medios; el parón económico; las muertes de mayores en las residencias;  el número excesivo de muertos y contagiados; el supuesto ultraje al coronel Pérez de los Cobos y a la Guardia Civil; el estado de alarma como atentado contra la libertad; el caso de la jueza Rodríguez Medel, buscando en las manifestaciones del 8-M alguna culpabilidad de la expansión del coronavirus… Todo buscando argumentos para destruir y no para construir, ahora que hace más falta.

Todos somos imperfectos, todos nos equivocamos, generalizar es equivocarse y seguro que muchas palabras y actos se dicen y se hacen con honestidad. Todo lo que sale de nosotros de algún modo nos vuelve multiplicado o dividido, pero siempre vuelve. El efecto boomerang les puede beneficiar, pero también les puede perjudicar. El efecto con que lanza el boomerang la derecha, insistiendo en ir en una dirección, les puede permitir avanzar, pero también puede que sus palabras consigan la viceversa del objetivo deseado. Aunque el resultado no lo sabremos hasta las nuevas elecciones, mientras tanto, siguen con su estrategia…  

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