Uno de los lemas más emblemáticos y repetidos de Donald Trump durante su campaña electoral americana ha sido el «America First», ahora que ya es presidente de los Estados Unidos sigue repitiendo en Twitter y en sus discursos, que Estados Unidos será el o lo primero. Arranca su mandato con medidas de proteccionismo económico, tal y como adelantó en su discurso de investidura del pasado viernes.

Trump está dispuesto a renegociar los acuerdos comerciales internacionales, los mercados financieros se lo toman con optimismo, los índices bursátiles americanos llegan a máximos históricos, el dólar está firme y las bolsas europeas siguen subiendo. El proteccionismo de Trump reforzará el crecimiento económico en EEUU, pero lo que no sabemos es el impacto que tendrá en otros países.

Trump apuesta por unas propuestas que pretenden de algún modo cerrar las fronteras físicas y económicas de Estados Unidos, Trump pretende limitar el impacto de la globalización en los negocios, apuesta por unas medidas para favorecer el crecimiento del país: rebaja de impuestos, impulso de la industria estadounidense, un plan de infraestructuras y el control de la inmigración. Si esas medidas consiguen impactar positivamente en el mercado laboral, en los ingresos de las familias y en el desarrollo económico del país, el «efecto Trump» será un ejemplo para los ultraderechistas europeos.

Tras el Brexit ha llegado Donald Trump y, después los comicios en Holanda, Francia, Alemania o República Checa, el resurgimiento de los populistas de derechas y todos los riesgos que la demagogia y el extremismo hacen a la democracia.  Europa afronta un panorama incierto con un crecimiento económico débil; una falta de política migratoria; una incierta relación con Reino Unido que en la primavera de 2019 la pertenencia británica a la UE será parte del pasado.

El «efecto Trump» si funciona en Estados Unidos, hará resurgir en Europa tesis proteccionistas, nacionalistas, xenófobas e islamófobas.  El «efecto Trump»  es una advertencia a todos nosotros, que puede cambiar a Estados Unidos, pero también a Europa. Además, de sufrir los efectos colaterales en nuestras economías europeas, porque lo que puede significar un impacto positivo para los estadounidenses puede ser un impacto negativo sobre nosotros. El período de incertidumbre, comienza ya…

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