La asistencia religiosa en hospitales, podría ser una de esas noticias sorprendentes, muchas veces irrelevantes, que aparecen cada verano, cuando no se producen sucesos ni noticias, esas serpientes de verano que no importan a nadie, pero que esta la pagamos entre todos. Más concretamente el acuerdo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y la Iglesia Católica, de que haya un cura por cada 100 camas de hospital, para la asistencia religiosa católica en los centros hospitalarios del Servicio Madrileño de Salud. Resulta que faltan sanitarios, que están en situación precaria, que hay carencia de otros recursos, que no hay rastreadores, pero la Comunidad de Madrid se puede gastar 937.187,76 euros en 53 capellanes a tiempo completo y 20 a tiempo parcial.

Este es un país de contradicciones, somos un país aconfesional, según dice nuestra Constitución, pero sin embargo seguimos teniendo acuerdos con la Santa Sede. El que exista asistencia religiosa en los hospitales, es una ley del Gobierno de Felipe González de 1985 por los acuerdos Iglesia-Estado, totalmente vigente. Esta asistencia religiosa es exclusivamente católica, para que los enfermos y familiares católicos, reciban en los hospitales visitas, apoyo en momentos de necesidad o aflicción, actos de culto, administración de sacramentos y todo esto pagado entre todos los ciudadanos y ciudadanas, independientemente de sus creencias religiosas. ¿No sería más lógico que esta asistencia religiosa fuera un voluntariado católico? ¿Es normal que tengamos que pagar por una asistencia religiosa, en un momento de precariedad y de recortes en sanidad?

Parece que el poder de la Iglesia Católica, no ha perdido un ápice de presencia, en la educación, en el ejercito, en celebraciones de Estado y que siempre ha sido la institución religiosa más influyente en todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde el franquismo hasta la actualidad. Donde según el barómetro del CIS de 2019,  el 70% de los españoles se declaran católicos, pero el 60% no van nunca o casi nunca a la iglesia. El catolicismo en España es una costumbre social adquirida, más que una aceptación de esa fe y su implicación de esa fe en la vida diaria. Lo podemos observar en las comuniones, bodas o entierros, en la celebraciones de Semana Santa o en cualquier romería, que entraría más en la antropología cultural que en la propia creencia religiosa de los asistentes. De momento tendremos que aceptar, que en los hospitales hay unos curas con bata blanca, que no curan enfermedades del cuerpo, solo del alma y que los pagamos entre todos.

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