Nuestra seguridad está amenazada, somos demasiado vulnerables, entendiendo la vulnerabilidad como nuestra incapacidad de hacer frente a un peligro y para recuperarnos de él. Tenemos nuestra información personal almacenada en el ordenador, tabletas o smartphones: números de teléfono, tarjetas de crédito, información de conexión de cuentas privadas, fotografías, música, vídeos… Un cuaderno de Bitácora, en el cual está nuestra vida, la de nuestros familiares y nuestros amigos, todo en una tarjeta de memoria o en servicios en la nube. Todo lo más privado e intimo, lo tenemos a disposición de cualquier pirata informático, que  entre en con fines malintencionados. Una debilidad que es utilizada para causarnos daño.

Estamos expuestos a abrir un correo electrónico infectado, navegar en páginas contaminadas, pinchar un enlace de origen desconocido, contagiarnos por un archivo compartido o simplemente un agujero de seguridad en una actualización reciente… Entre spyware, spam, malware, phishing, vulnerabilidades en nuestro software informático no estamos seguros de que nuestros datos sean seguros.

Ayer hubo un ciberataque masivo en empresas e instituciones públicas de más de 74 países, más de 57.000 ciberataques con un  malware llamado ransomware, en concreto con el programa conocido como WannaCry (QuieroLlorar), que infecta el ordenador, raptando los datos que contiene e inutilizando los archivos. En principio, solo se pueden recuperar los archivos, pagando a los piratas informáticos con una moneda virtual llamada bitcoin, que no está regulada por ninguna institución central, sus transacciones son anónimas y se realizan con claves secretas, perfecta para este tipo de actividades ilegales.

Nadie está a salvo de abrir un correo infectado o de entrar en una página peligrosa y aprovechándose, esta vez, de una brecha de seguridad de Microsoft avisada el pasado 14 de marzo, secuestrar archivos y perder el control de tu información. Una vez el malware ataca a tu ordenador, se expande al resto que están conectadas a la misma red corporativa.

El terrorismo nos ha obligado a reforzar los instrumentos de control, a mejorar nuestra seguridad a costa de nuestra privacidad. La dicotomía entre libertad y seguridad, la certeza de que todos estamos expuestos a un ataque terrorista, nos sirve también a nuestra seguridad informática. La seguridad total no existe y por lo tanto todos nuestros datos están expuestos a un ciberataque. El aumento de este tipo de ataques serán cada vez más sofisticados y contagiarán tanto a empresas como a particulares, tanto a ordenadores como a smartphones. Nuestra seguridad está amenazada, un terrorismo que nos puede matar y otro que nos ataca en nuestra privacidad.

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