Pablo Iglesias lucha en la Asamblea Ciudadana de Podemos, el llamado Vistalegre II, por que se decidan de forma conjunta los proyectos políticos y las candidaturas e Íñigo Errejón pide desvincular el debate político de «las caras», es decir, votar primero los proyectos y después los órganos de la dirección. Podemos se divide en dos bandos por el poder entre dos grupos con modelos y discursos dispares. Todos ellos han comenzado la campaña interna para defender sus propuestas en actos presenciales y sobre todo en las redes sociales.

La campaña en las redes sociales en Podemos, se ha convertido en una forma de sacar los trapos sucios, de desprestigiar a los afines de  Pablo Iglesias o de Íñigo Errejón. Utilizando las mismas redes sociales para reprender a los dirigentes o la campaña bautizada como «Íñigo así no», en la que se acusa a Errejón de dividir  y desgastar a Iglesias. Podemos ha demostrado que no son muy diferentes a los que ellos denominan casta, con el clima de enfrentamiento interno y la lucha por el poder. El desprestigio de un compañero, es negativo para todo el partido. El simple hecho de emitir una opinión o compartir algún mensaje puede generar un animado momento de discusión, y a veces generan resultados desagradables.

Las redes sociales no ayudan al dialogo y al entendimiento, no son para discusiones: los enredos de palabras, la demora en contestar y la espera hacen que las discusiones sean frustrantes. Los enfrentamientos en las redes sociales y los medios de comunicación hacen daño a Podemos, pero también desilusiona a todas esas personas que los votaron y creyeron en ellos. Lo mejor es siempre hablar en persona y poder buscar soluciones, no mostrar las miserias para que nadie arregle nada y se pierda la ilusión en Podemos. No se puede tener una doble moral, exigente con los demás y lasa con uno mismo y con los cercanos a tí.

No se puede ya disimular la crisis interna provocada por la lucha por el poder entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. El liderazgo de Pablo Iglesias está en duda y es el momento en que el debate interno impulse un cambio o no, pero que no se base solo en el liderazgo sino en las ideas que representen más a sus votantes y simpatizantes. Si Podemos quiere ser la oposición al PP o incluso una alternativa de poder, tiene que debatir su ideología y sus programas, no se puede ser hoy de todo a la vez, para contentar al máximo número de gente. El debate interno es siempre bueno para los partidos en democracia: no se puede ser activista, comunista, socialdemócrata, populista e incluso aceptar propuestas independentistas. Podemos nació y creció gracias a un buen diagnóstico de la situación que atravesaba España y su capacidad para ilusionar a cientos de miles de indignados. Podemos no debe caer en los vicios de la vieja política, porque eso puede significar su fin como partido o convertirse en una fuerza residual sin apenas capacidad para condicionar la agenda política.

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