La inteligencia artificial (IA) tiene como objetivo diseñar tecnología que emule la inteligencia humana, a través de máquinas, procesadores y software. La IA está revolucionando el mundo que conocemos, con un sinfín de oportunidades, que permitirá alcanzar objetivos que parecían imposibles. Pero, también con infinidad de aspectos éticos y sociales, que plantean que la tecnología debe permanecer siempre subordinada a las personas y nunca al revés.
La Iglesia reflexiona sobre el impacto de la IA en la libertad, la dignidad, el empleo o la sociedad, para dar criterios morales. Al igual que lo hizo el Papa León XIII hace 135 años, en la encíclica «Rerum novarum» donde proponía una “tercera vía” entre el capitalismo salvaje y socialismo ateo.
Donde, la Iglesia quiso dar su opinión sobre las injusticias sociales generadas por la Revolución Industrial. Intentando aportar la religión cristiana como opción para competir contra el socialismo marxista y defender la propiedad privada. La Iglesia reclamaba un humanismo con Dios, priorizando los ámbitos espirituales.
Ahora, el Papa León XIV en la carta encíclica «Magnifica Humanitas» trata un tema que preocupa a la Iglesia. La tecnología ha creado una inteligencia artificial que supera a la inteligencia humana. Los algoritmos que gobiernan la IA, crean una inteligencia que está en todo, que determinan gran parte del consumo mediático, que parecen escuchar nuestras conversaciones y predecir nuestros deseos. La inteligencia artificial es lo más parecido a un dios.
Si el hombre «está hecho a imagen de Dios«, hemos sido capaces de crear una inteligencia artificial a imagen nuestra, pero que corremos el riesgo que nos supere y que cambia la percepción de la realidad. La IA nos muestra todas nuestras vulnerabilidades como seres humanos, nos crea dependencia, controla nuestras relaciones y nos impone pensamientos.
Desde la perspectiva cristiana, hemos creado un dios que solo le preocupa lo material. Que ha transformado la sociedad, las relaciones humanas y la comprensión misma de la persona. La encíclica «Magnifica Humanitas» de León XIV es la necesidad de dar una respuesta, desde la Doctrina Social de la Iglesia, frente a la expansión tecnológica y el poder algorítmico.
La Iglesia invita al pensamiento crítico, para que nadie quede al margen de la transformación digital, ni sea reducido a meros datos. Donde la Iglesia no tiene “respuestas técnicas” solo pretende dar su visión humana y cristiana de la inteligencia artificial. Dominada por unos pocos magnates y con algoritmos viciados por intereses, prejuicios e injusticias. Donde cuenta muy poco la dignidad humana.
La IA es nuestra nueva autoridad moral, nuestro oráculo de Delfos. Un dios digital que lo hemos convertido en nuestro referente material e incluso espiritual. Si los hombres de las cavernas inventaron a los dioses, los de ahora han hecho lo mismo con la IA. Un dios deshumanizado, egoísta, que tiene en el dinero su religión y que no exige una conducta moral.
Entiendo que la iglesia muestre su preocupación por la Inteligencia Artificial. Mientras la religión es lo irracional: la respuesta ante lo desconocido, al miedo, a la ignorancia, a la intolerancia. Y, también al amor. La IA es una herramienta que da respuestas, pero que están sujetas a intereses económicos de unos pocos. Nos toca elegir a nosotros. Donde nos toca a las personas tomar nuestras propias decisiones, tanto en la religión como en la Inteligencia Artificial.
