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Lobbismo: cuando lo legal no es ético.

El lobbismo, conocido como “lobbying» o las «puertas giratorias» en la clase política, pueden ser legales pero tienen muy poco de ético. Lo legal siempre tiene un fondo ético, pero la ética simplemente es una autoimposición de las personas. Cuesta entender que los políticos aprovechen su influencia y sus contactos para hacer negocios.

En el compromiso ético de los políticos, debería de haber un impedimento personal, en el que no obtengan grandes beneficios. conseguidos por su cargo en la política. No parece muy lógico que las decisiones en el ámbito de la competencia, la política comercial
o la adjudicación de grandes contratos interfiera una persona que ha tenido relación con el poder ejecutivo.

Se trata de dos situaciones diferentes, como son diferentes el ámbito de lo ético y el de lo legal. El lobbismo es legal, ni es penalmente relevante el hecho de propiciar actividades de intermediación
ante las autoridades y responsables políticos. El problema es que se puede convertirte en tráfico de influencias y por lo tanto en corrupción política.

Mientras el lobbismo puede producir o no el resultado deseado a través de la mediación. El tráfico de influencias consiste en utilizar una posición de poder para influir indebidamente en una autoridad o funcionario con el fin de obtener una resolución favorable que genere un beneficio económico o patrimonial. La corrupción siempre supone un acuerdo, donde el pago depende de la obtención del resultado buscado.

Nunca un intermediario debería utilizar sus influencias y su  capacidad real para influir, porque antes ha estado en una situación de altos cargos, altos funcionarios y para quienes han ejercido puestos de poder. Los expresidentes Felipe González, Aznar y Zapatero se dedican al lobbismo internacional como comisionistas,

Aparte, pueden pertenecer a consejos de administración de  corporaciones nacionales o internacionales. Mientras reciben 75.000 euros de dinero público como expresidentes. Contratación de 2 asistentes, seguridad, coche oficial con chófer, pase libre en transportes. Además, pueden ingresar en el Consejo de Estado y poder unos 40.000 euros más. Aparte, de otras ayudas económicas.

Pero, los expresidentes de Gobierno no se conforman con ser «jarrones chinos». Deciden utilizar su influencia y sus contactos para hacer negocios y ganar dinero. Y, utilizar las «puertas giratorias«.

Felipe González ha sido administrador y accionista de una empresa de capital riesgo, de otra de construcción, consejero de Gas Natural y conferenciante. José María Aznar ha estado en Endesa, en despachos de abogados, consejero de los medios de Rupert Murdoch e incluso, tiene la fundación FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), aparte de ser también conferenciante.

Rodríguez Zapatero ha pertenecido al Consejo de Estado, ha sido mediador internacional, observador electoral, ha apoyado al PSOE y además ha sido asesor y además lobista. Lo que desconocíamos es que acabara investigado por organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental.

El lobbismo es legal. Ahora, la Audiencia Nacional tiene que demostrar que Rodríguez Zapatero ha cometido tráfico de influencias. La Justicia necesita sus tiempos, el lobismo está regulado principalmente por la Ley de Transparencia y aún hace falta regular la figura de los expresidentes. Pero, por encima de lo legal está la ética. Y, donde un expresidente de Gobierno nunca se deberían aprovechar su influencia y sus contactos para hacer negocios.

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