La labor solidaria es una acción social cuyo fin es contribuir al beneficio de una comunidad o de la sociedad en su conjunto: en ayuda humanitaria, cooperación, promoción de los derechos humanos, democratización…, tanto en los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo. Detrás de las ONG hay personas, con los mismos defectos y virtudes que en cualquier sitio, pero que dan su tiempo, su dedicación e incluso su vida en ayudar a los demás. 

Se puede hacer críticas de las ONG sobre su labor solidaria, sobre su financiación, sobre sus ayudas con dinero público de Ministerios, gobiernos autonómicos, diputaciones, ayuntamientos y demás organismos públicos; sobre una nuevo tipo de colonialismo occidental en nombre de la solidaridad y el humanismo, sobre su organización interna e incluso sobre el asistencialismo y su posición política. Lo que no podemos negar es que su labor solidaria debería ser competencia de los Estados y no responsabilidad de las ONG. Sin embargo, si estos no lo hacen, son las ONG las que han optado por hacerlo, aunque ni la lucha contra la pobreza, ni las migraciones, ni la falta de educación y sanidad se solucionará con pequeños proyectos, sino con cambios profundos en las políticas nacionales e internacionales.

Pero, lo que entiendo es que los Estados se olviden de sus responsabilidades humanitarias e impidan desarrollar dichas tareas a las ONG. Es el caso del estado español que impide zarpar al buque de la ONG Proactiva Open Arms en una misión de rescate desde el 8 de enero, al considerar que en otras operaciones se han incumplido normativa internacional que obliga a desembarcar a los rescatados en el puerto seguro más cercano, teniendo en cuenta que los puertos de Italia, Malta y Grecia están impidiendo los desembarcos. No se puede hablar de seguridad, porque no está garantizado que se pueda desembarcar a los náufragos en un puerto cercano y seguro. Y, preferir que mientras tanto, sigan desapareciendo cientos de personas en el Mediterráneo.

Estamos hablando de un dilema ético y moral, que es salvar vidas. No podemos utilizar el Open Arms al antojo e interés del momento y de la proyección en los medios de comunicación. Si a principios de agosto
el Gobierno de Pedro Sánchez ofreció al barco de rescate Open Arms, el puerto de Algeciras para desembarcar a los 87 migrantes que rescató en aguas internacionales frente a Libia y que nadie quiso acoger. ¿Por qué ahora se impide?

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