Cada campaña electoral se repite el fantasma del voto útil, el viejo cuento de Pedro y el lobo, la política del miedo para condicionar el voto. Al PP y PSOE siempre les funcionó concentrar la campaña entre dos. El llamado voto útil es aquel que usualmente se le da a la candidatura que tenga mayor probabilidad de vencer.

Lo que se esconde detrás del voto útil, es una voluntad de no querer cambiar las cosas, de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, de mantener lo conocido y lo previsible. Hay dos opciones, la mayoría del PP o PSOE  que gobiernen como la primera fuerza política más votada o una coalición de partidos. ¿Cuál es el voto útil?

El sistema electoral español y el reparto de escaños bajo la ley D’Hont, hace que el voto de los electores que acudan este domingo 20-D a las urnas no vale lo mismo en todas las circunscripciones y su traducción en escaños depende de varios factores. Los beneficiados siempre son los partidos mayoritarios y los perjudicados, los pequeños. Un sistema para garantizar gobiernos fuertes.

A pocos días del 20-D hemos de utilizar nuestro voto, como voto de castigo a los partidos que nos han llevado a esta crisis económica  y que han pergeñado esta salida injusta a la crisis, con menos derechos sociales, más paro y más pobreza. Lo importante es votar en conciencia al partido que más represente nuestros valores  y nada más inmoral que tratar de convencer de lo contrario en base a una hipotética utilidad del voto.

El voto en conciencia sirve para cambiar las cosas frente al voto útil que otros piden para que nada cambie. No podemos pensar que «tirar» nuestro voto es apostar por un partido minoritario. Porque el voto útil puede ser también el que contrarreste una mayoría.

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