Dice la RAE que exiliado es: «Expatriado, generalmente por motivos políticos».  ACNUR dice que: «El exilio es la separación de una persona de la tierra donde vive. En este sentido, todos los refugiados y desplazados viven en el exilio hasta regresar a sus hogares». El segundo mandamiento de la doctrina católica dice: «No tomarás el nombre de Dios en vano», manda a respetar el nombre de Dios. Parafraseando el segundo mandamiento, le diría a Pablo Iglesias, líder indiscutible de Podemos y vicepresidente cuarto del gobierno de España que: el nombre de exiliado no lo tome en vano, en un programa de televisión. Porque hay que respetar el nombre de los exiliados, ni se puede equiparar a Carles Puigdemont con los exiliados republicanos durante la Guerra Civil y la dictadura franquista que tuvieron que huir de España para salvar sus vidas. Miles de personas que se refugiaron en Francia, México, Argentina, Chile, Estados Unidos y otros países, que encontraron en sus sitios de acogida lo mismo que buscan las personas que hoy cruzan las fronteras para salvar sus vidas.

En una entrevista en el programa Salvados de la Sexta, hace unos poco minutos, Pablo Iglesias a la pregunta de sí se puede equiparar el caso de Puigdemont con los exiliados republicanos durante la dictadura, el vicepresidente responde con contundencia: «Lo digo claramente, yo creo que sí». Matizando que no «comparte en ningún caso» sus objetivos, pero que, si Puigdemont está en Bruselas, no es por «haber robado a nadie o para intentar enriquecerse, sino para llevar sus ideas políticas a un extremo erróneo» y remarcando las consideraciones morales completamente diferentes con el fugado Juan Carlos I. La palabra exiliado se merece un respeto y no se puede caer en comparaciones tan poco afortunadas, porque Puigdemont huyó de España, no por ausencia de libertades, sino por quebrar el Estado de Derecho y los exiliados republicanos tuvieron que escapar, tras un golpe militar al gobierno legítimo de la Segunda República. No es lo mismo, señor Iglesias.

El nombre de exiliado no lo tomarás en vano Pablo, debes pensar más tus declaraciones, aunque solo tú conoces tus propósitos y lo que quieras que influyan tus comentarios en los resultados de las próximas elecciones catalanas. Me resisto a comparar a Puigdemont con esos cientos de miles de exiliados republicanos, ni compararlo con esas personas ilustres con los que tenemos una gran deuda moral, intelectuales, políticos y artistas españoles exiliados durante la Guerra Civil  como: Manuel Azaña, Juan Negrín, Clara Campoamor, Antonio Machado, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Luis Buñuel, Margarita Xirgu, Luis Buñuel, León Felipe, Manuel de Falla, Salvador de Madariaga, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, María Zambrano, Severo Ochoa y cientos más. Las comparaciones siempre son odiosas, pero esta si cabe, aún más señor Iglesias, porque a Puigdemont no se le puede comparar con ninguno de ellos.

Muchos exiliados regresaron a España y otros muchos no pudieron ver cumplido su deseo de volver por mantenerse la dictadura franquista, y los hubo que decidieron no retornar nunca. Detrás de cada vida en el exilio hay una historia triste, del alejamiento de la patria y de sus familias, en la que tuvieron que sufrir penurias, que lucharon contra la dictadura franquista y a favor de la libertad, donde muchos fueron acusados políticamente durante toda su vida. Personas que lucharon por la justicia y que tuvieron la suerte de encontrar países con la tradición de acoger refugiados. Algo, que se nos ha olvidado demasiado rápido a los españoles, cuando ahora nos toca acoger…

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