El presidente de Argentina, Javier Milei, el 21 de junio de 2024 recibió de manos de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid por su defensa de la libertad. El pasado 2 de noviembre de 2026, se ha entregado al presidente de Chile, José Antonio Kast la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid. En su discurso la presidenta ha declarado: «Y por eso nosotros, como gobiernos, defendemos a los dos lados del Atlántico lo mismo«. Cada vez son más los que defienden lo mismo, el pseudofascismo.
Cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid entrega primero la Medalla Internacional a Javier Milei un liberal libertario anarcocapitalista con motosierra. Y, ahora a José Antonio Kast, hijo de un nazi, involucrado en casos de fraude fiscal, homófobo, antifeminista y defensor de la dictadura de Pinochet. Y, dice Ayuso que «defendemos lo mismo», significa que cada vez son más lo que defienden lo mismo, el pseudofascismo.
El pseudofascismo es algo que se parece al fascismo, aunque a lo mejor no es fascismo propiamente dicho. Son movimientos, partidos o líderes que presentan algunas características del fascismo, pero que no es el fascismo del siglo XX. A lo mejor de tanto emplear la palabra fascismo, la desgastamos o la gente no es consciente de lo que significa en este momento de la historia. Porque ya han pasado 41 años de la muerte del dictador Franco o 71 años del final de la Segunda Guerra Mundial.
Las personas que ahora votan o quieren votar a la extrema derecha no les importa las consecuencias del fascismo del siglo XX. Cada vez son más los que defienden lo mismo. Ellos quieren para España: prioridad nacional, remigración, desregulación, fiscalidad, familia, orden, vivienda, suprimir gasto político, defensa del campo, rechazo al Pacto Verde Europeo y a las leyes climáticas. Lo podemos llamar como queramos, da igual lo definamos como pseudofascismo o fascismo. Ni quiere decir que todos los que voten a Vox sean pseudofascistas, es decir falsos o supuestos fascistas.
Santiago Abascal hace unos días dijo que: «El miedo a Vox ya no funciona porque el PP no colabora es esparcirlo. Antes colaboraban en ello». Como explica la ventana de Overton, los discursos y propuestas de la extrema derecha que antes se consideraban impensables o radicales han pasado a ser aceptados y normalizados. La extrema derecha que puede representar el pseudofascismo han conseguido pactar con el Partido Popular en todas las comunidades autónomas que gobierna. Feijóo no descarta pactar el Gobierno con Vox y además han pactado un acuerdo estratégico para las listas al Senado en 23 provincias.
Al votante de derechas, le da igual votar a Vox, que al Partido Popular. Incluso hay votantes que preferirían un gobierno de Vox en solitario. Y, muchas encuestas vaticinan la subida electoral de Vox y el estancamiento del PP. Los de Abascal serán la llave de La Moncloa para Feijóo si llegan a alcanzar los números. Lo cual proporciona un gobierno encabezado por el PP con las imposiciones de Vox. En definitiva, lo mismo o parecido.
No merece la pena buscar explicaciones o culpables, la ciudadanía es libre de votar a la opción que consideren mejor. Y, por lo visto la mayoría absoluta de las derechas va a ser una obviedad. Si los ciudadanos progresistas no lo remedian con su voto. Tendremos que aceptarlo democráticamente y asumir que las izquierdas tienen aún mucho trabajo por hacer. Esperemos que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se equivoque en su aseveración de «defendemos lo mismo» que los presidentes de Argentina y Chile.
No me gustaría para España «defender lo mismo» que Javier Milei un negacionista de la dictadura militar en Argentina (1976-1983) y que pone en duda el número de 30.000 desaparecidos. Ni me gustaría para España «defender lo mismo» que José Antonio Kast defensor de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y de sus violaciones a los derechos humanos. Ni siquiera tener en el Gobierno de España, partidos políticos que no condenan ni critican explícitamente el régimen del dictador Francisco Franco (1939-1975). Y, por tanto todo lo que supuso la dictadura en pérdida de derechos y libertades para los españoles.
«Alea iacta est», la suerte está echada, estamos en manos de las personas que decidan votar por uno de los dos partidos, sea PP o Vox. Defienden lo mismo. Quedan los indecisos y los que se abstienen, que pueden hacer cambiar los resultados. Después están los votantes progresistas que votarán al PSOE. Solo quedan los otros votantes progresistas: los que no quieren votar al PSOE y buscarán una opción en la izquierda alternativa. La única duda que me queda, es si entre los indecisos, los abstencionistas, los votantes al PSOE y el resto de las izquierdas seremos capaces de defender lo mismo.
