Ahora, que las izquierdas alternativas han demostrado su incapacidad para llegar a un acuerdo. Nos toca a la ciudadanía resignarnos a la previsible victoria de las derechas o detener el fascismo con nuestro voto. Tenemos la opción de votar al PSOE y a Pedro Sánchez o votar a cualquier candidatura a la izquierda del PSOE. Por supuesto también se puede votar a las derechas e incluso abstenerte y no votar. La democracia es ante todo elegir entre alternativas políticas. Y, por supuesto también está el derecho a disentir y expresar el rechazo a un sistema político que no satisface a muchas personas.
El voto más útil es el voto para el partido que mejor representa nuestros ideales. Aunque siempre ha calado la idea de que el voto útil es cuando se intenta atraer el voto de un partido próximo, ideológicamente, que tiene más posibilidades de conseguir escaños. Es decir, recibir votos de partidos próximos a base de insistir en el “voto útil”. Por esta teoría todas las izquierdas deberían de votar al PSOE. Y, esto tampoco es la solución.
En las elecciones del 29-N tanto Frente Amplio como Podemos, son partidos de ámbito estatal que tienen opción a escaños en muchas circunscripciones. Que si se hubieran unido tendrían más posibilidades de obtener escaños, pero después están los partidos de la izquierda alternativa más pequeños. El voto útil consiste en concentrar el voto en los grandes partidos. Porque según la ley D’Hondt existe un umbral electoral del 3% en cada circunscripción. Es decir: los votos de los partidos que no alcanzan el 3% de los votos en una provincia, no obtienen representación y se pierden. Incluso no garantiza la representación en ciertas provincias, aún superando el 3%.
En provincias como Madrid, Barcelona, València, Sevilla, Alacant o Málaga es mucho más probable que las 4 principales fuerzas políticas obtengan representación. Sin embargo en las circunscripciones más pequeñas, especialmente en las que únicamente se reparten 3 o 4 escaños, si hay muchos partidos de izquierdas que es muy difícil que obtengan representación. A más fragmentación, penaliza especialmente a las formaciones pequeñas en provincias donde se reparten pocos escaños. El llegar el bloque progresista dividido, solo beneficia a las derechas.
Por lo tanto, el valor de cada voto depende de factores como el tamaño de la provincia y el tipo de partido elegido. El sistema electoral español, hace que el voto no valga lo mismo en todas las provincias. En la práctica, siempre favorece a grandes partidos y coaliciones. Es muy probable que el voto por una opción minoritaria, no salga representada. Por ejemplo, en Cuenca, Huesca, Teruel, Guadalajara, Ávila o Soria, entre otras, un partido político necesita más del 30% del total de votos para tener un escaño. De lo contrario, los votos se pierden. Pero, la complicación del sistema electoral no debe hacernos pensar que hay un voto útil y otro inútil. Lo importante es votar, porque la abstención es una forma de no creer en la democracia y la única manera para frenar el fascismo.
La izquierda alternativa conoce el sistema electoral y sabe que la división penaliza. Pero, no ha servido para unirse. Ellos no han sabido o no han querido buscar una papeleta unificada. Ahora el votante progresista tiene varias opciones para distribuir su voto y eso en principio solo ayuda al Partido Popular y al PSOE. La ley concentra el reparto de diputados entre las fuerzas con mayor porcentaje de voto. Y, para optar a un acta, en una circunscripción pequeña el porcentaje requerido suele ser muy elevado.
Nuestro sistema electoral, tal y como está configurado, beneficia a los partidos mayoritarios y a los partidos autonómicos, frente a otros partidos generalistas que cuentan con un gran número de electores, pero que no consiguen estar entre las primeras fuerzas políticas de cada circunscripción. Porque las elecciones se juegan en cada provincia.
incluso puede pasar que aunque aumente la participación electoral para frenar el fascismo y parar a la extrema derecha, aumente la diversidad en el Congreso de los Diputados y las izquierdas sean incapaces de unirse en un pacto para obtener la gobernabilidad. Con sus preferencias e incompatibilidades entre partidos. Por lo tanto, una mayor participación política de grupos minoritarios, puede aumentar la dificultad de la gobernabilidad.
Cuanto más suba la abstención el 29-N, más cerca estará Feijóo de ser presidente. Esto no va de no ir a votar, de voto en blanco o de voto de castigo. Vivimos en un momento en que la sociedad vive en un clima de pesimismo, de pasividad y que la rabia ante el Gobierno, suponga votar a la extrema derecha. A esas personas nadie va cambiar sus intenciones, solo quedan los que aún tienen simpatías por fuerzas progresistas y se quedan en sus casas. El antifascismo no es suficiente, hace falta votar. Con seguridad los más reaccionarios y cabreados de España depositarán su voto. No podemos pasar de la política, porque en nuestro lugar lo hará otro en contra de todos nosotros. En contra de nuestros derechos y libertades. Porque esto va de detener el fascismo y de parar a la extrema derecha.
