Hoy hace 80 años. Federico García Lorca fue asesinado por rojo, masón, homosexual y por los temas que trataba en sus obras. Pero, a pesar del intento del franquismo de acallarlo por medio de la violencia, Lorca sigue en nuestra memoria con su legado artístico a través de sus poemas, su prosa y obras de teatro. Miembro destacado de la Generación del 27, junto a Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Luis Buñuel y Salvador Dalí.
Por suerte el arte es uno de los vehículos para preservar la memoria, las vidas y su dignidad. Por eso cuando leemos a Federico García Lorca recordamos a las víctimas de desapariciones forzadas durante la Guerra Civil y del franquismo, que permanecen aún en fosas y cunetas. Hablar de García Lorca es reivindicar la memoria histórica y el derecho a enterrar con dignidad a los familiares desaparecidos.
Quizás nunca se encuentren sus restos, ni se conozcan más detalles de su asesinato. Pero, han conseguido hacerle un referente de todos esos miles de desaparecidos que siguen aún en cunetas y fosas alrededor de España. Lorca es el ejemplo de una España rota, que no ha sabido curar sus heridas. Que ha preferido olvidar y perdonar con la Ley de Amnistía de 1977. No juzgando, no culpabilizando a nadie.
Dejando a miles de personas que no han recuperado a sus familiares para ofrecerles un entierro digno. Una España de «caídos por Dios y por España» o «héroes de la cruzada». Y, la otra España de perdedores y de olvidados en las cunetas y fosas comunes. La democracia no ha sabido ofrecer justicia, solo perdón.
Nos hemos olvidado de los que perdieron la guerra, de los que defendieron la Segunda República Española. Y, hemos premiado a los que se sublevaron, a los golpistas, a los que han permitido 40 años de dictadura. Hoy podemos homenajear a Lorca y con él a todos los asesinados por el franquismo. A lo mejor, un día nuestros hijos y nietos nos preguntarán por qué lo hicimos tan mal.
