Las instituciones públicas son de todos, pertenecen al conjunto de la ciudadanía. Y, no a los partidos políticos, ni a los gobernantes de turno. El Senado es para muchos una institución pública innecesaria. Pero, de momento forma parte junto con el Congreso de los Diputados, del Parlamento español. Que representa a la ciudadanía española y ejercen el poder legislativo.
Que un ministro o el propio presidente de la Gobierno, rechacen comparecer en el Senado para dar explicaciones sobre la crisis humanitaria de Ceuta o de cualquier otro tema. Es una falta de respeto al Senado y por lo tanto a todos los españoles que en él están representados.
Se puede criticar que las instituciones públicas nunca deberían de estar al servicio de los intereses de un partido político. En particular y en detrimento del interés general. Pero, el Partido Popular tiene la hegemonía en el Senado, tras su victoria en las elecciones generales del 23-J. Alcanzando los 143 escaños y por lo tanto la mayoría absoluta.
Según la Constitución, el Senado tiene funciones políticas, legislativas y de integración territorial, que tienen que ser respetadas por todos. Aunque el PP lo utilice para generar ruido y contribuir al desgaste de un Gobierno al que no pueden derrotar en el Congreso de los Diputados. Por lo menos, de momento.
Pero, nunca debería de ser una excusa para no dar explicaciones y no comparecer en el Senado el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares y la previsible ausencia de la ministra de Defensa, Margarita Robles, Aunque tengan previsto darlas en el Congreso de los Diputados la última semana de agosto.
Dar explicaciones en el Senado es escuchar los razonamientos y opiniones del Gobierno en la gestión de la crisis humanitaria derivada por la masiva entrada de emigrantes a Ceuta. Que por supuesto, la mayoría del PP debe cuestionar. Eso se supone que es la política parlamentaria.
El Gobierno de España no puede desprestigiar a las instituciones públicas como lo hace la extrema derecha. Utilizando los instrumentos democráticos en la medida de lo posible, para introducir sus puntos de vista en el pensamiento dominante. Impulsando el desgaste del Estado y dañando la democracia.
Si la extrema derecha no ha dejado de lado a las instituciones democráticas, aunque las utilice para sus propósitos. El Gobierno de España no puede olvidar sus funciones y obligaciones.
La extrema derecha y las derechas en general, utilizan las instituciones públicas para normalizar su discurso y aumentar la aceptación social de sus ideas. No comparecer en el Senado es participar en sus intereses. Y, aumentar sus votantes.
Si caemos en la trampa de no defender las instituciones públicas como el Senado. Les estamos dando la razón a los que las atacan y que son su base sociopolítica. Que solo buscan el triunfo de su retórica, la decadencia de la democracia y el poder de la testosterona.
Ante el discurso del odio: explicaciones. Frente al racismo: solidaridad. Si el Gobierno de España no acepta las reglas democráticas, hace un flaco favor a su gestión. Pero, sobre todo, enmascara la realidad de unas derechas, que solo buscan acabar con este Gobierno. Y, con muchas libertades y derechos.
