Spanish Revolution es un medio de comunicación digital nacido tras el movimiento 15-M en mayo de 2011 y Resist.es, una plataforma impulsada por Spanish Revolution, recogen en el «Manifiesto por la bondad radical«: la bondad como acto de desobediencia frente al negocio del odio. Apelando a la responsabilidad ciudadana para detener el flujo de desinformación y recuperar la dignidad.
Donde existe un modelo de negocio que gana dinero con el odio, que lo genera y lo amplifica para generar emociones. Que toman decisiones sociales, políticas y económicas. Convirtiendo la bondad en una posición contra el discurso de odio. Spanish Revolution y Resist.es presentan el Manifiesto por la bondad radical como una propuesta política.
El manifiesto propone la “bondad radical” como una forma de resistencia civil frente a la polarización, un sistema que necesita miedo, división y conflicto para sostenerse, gracias a «consumidoras y consumidores» que participan involuntariamente en su cadena de valor a través de la indignación y el clic fácil.
Desde mi posición personal de «No me sigas en redes sociales«, confirmo que sus ventajas son menores que sus desventajas. Porque en cada clic, tuit, «likes» estamos engrosando un negocio que genera dependencia y afecta negativamente en nuestro desarrollo cognitivo y crítico de la sociedad.
Los algoritmos de estas plataformas no son inocentes, tienen su propósito: capturar nuestra atención y generar impacto en la población. Nos han cambiado la forma de interactuar con nuestros amigos, de informarnos, de consumir o de pasar el tiempo libre. Pero, también se han convertido en una plataforma de odio, protegida por el anonimato.
Hemos caído en la trampa de ser aceptados, de pertenecer a un grupo social, que se convierte en una práctica colectiva y anónima que a veces solo genera odio. Las redes sociales se han convertido en un escaparate que nos dice lo que tenemos que comprar, pensar o decir. Es la decisión individual de no participar en el juego de las redes sociales, lo que nos puede hacer libres.
Porque en el uso de las redes sociales «cualquiera que participa en esa cadena, incluso sin saberlo. Cada vez que se comparte algo sin verificar» participa en la empresa del odio. La bondad, se convierte en una forma de no expandir mentiras, bulos y desinformación.
Cada vez que reaccionamos desde la ira inducida, desde las emociones, corremos el peligro de equivocarnos y de hacer daño a los más débiles y desprotegidos. Pero, también desde la manipulación, recopilando cuanta más información puedan sobre nosotros, con el objetivo de explotar nuestras vulnerabilidades, para influir en nuestros pensamientos, comportamientos y decisiones.
Las redes sociales no han hecho olvidar la premisa más básica que es la precaución, la que tenemos en el mundo real. En el que desconfiamos de los desconocidos y cuidamos nuestra información personal. Las redes sociales nos han invitado a desnudarnos en la red ante miles o millones de desconocidos y de atacar impunemente sin consecuencias.
El «Manifiesto de la bondad radical» aboga por una «alfabetización mediática activa», por conocer el funcionamiento de las redes sociales. Por la construcción de «redes de información verificadas» y comunidades que prioricen el cuidado frente a la reacción impulsiva.
Todo esto supone que se abre un debate social sobre las redes sociales: su negocio y manipulación. Donde cada uno es libre de hacer lo que desee, siempre y cuando, no se olvide del respeto a los demás. Yo hace años tomé la decisión de no participar en ninguna red social. Lo que no me hace ser mejor que los demás, pero quizás un poco más libre y menos dependiente.
