El «cuñado» es un personaje muy español, el que lo sabe todo en las cenas de Navidad, el que es experto en todo. Cuando una persona habla y opina con absoluta seguridad sobre cualquier tema sin tener ningún conocimiento real sobre el mismo, lo llamamos cuñadismo. El cuñadismo político es la tendencia a opinar con gran seguridad sobre cualquier asunto complejo. Cuando los políticos se atreven a cuestionar la seguridad ferroviaria, después de los accidentes de Adamuz y Urda, no es solo cuñadismo es una total irresponsabilidad.
Los 115 fallecidos en Adamuz y Urda, 46 fallecidos en Adamuz y 69 en Urda no habla muy bien de la seguridad ferroviaria en España. Pero, son los técnicos y la justicia los que tienen que dar las explicaciones y los motivos por los que se han producido. Todo lo demás es hablar por hablar, emitiendo palabras sin fundamento, sin un propósito claro o sin datos reales. Un cuñadismo muy peligroso.
Puedo entender que un accidentado, un familiar o conocido, incluso un pasajero habitual tenga temor de viajar en tren, después de dos graves accidentes. El miedo es libre, un sentimiento humano universal, involuntario que se manifiesta espontáneamente. Sientes dolor, enojo, ansiedad e impotencia. Un sentimiento que no se puede negar, ni ignorar. Que puede ocasionar un trastorno de estrés postraumático que necesita mucha ayuda profesional para superarlo, si se supera. Un evento traumático, que puede ser ocasionado por un desastre natural, un ataque terrorista y por supuesto por culpa de un accidente de tren.
El 29 de octubre el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, expresó públicamente el temor de muchos andaluces y de ciudadanos que tienen pensado venir a Andalucía por motivos laborales o de ocio: «Yo ahora mismo no viajaría en el AVE, por lo menos en la línea de Madrid a Andalucía». La irresponsabilidad de un político que hace esta afirmación no es solo una irresponsabilidad y jugar con el miedo de la ciudadanía. Es también una falta de lealtad institucional, hablar mal de la primera línea de Alta Velocidad que unió Madrid y Andalucía. Que se inauguró el 21 de abril de 1992, coincidiendo con la Exposición Universal de Sevilla (Expo ’92) y que significó un avance significativo para Andalucía.
Cuando la portavoz del PP Ester Muñoz hace pocos días aseguraba que no se siente segura viajando en tren y explicaba el por qué ha optado por desplazarse en coche tras los últimos accidentes ferroviarios. Está generando miedo no solo a los que ya lo tenían, sino al resto de la ciudadanía. Porque el miedo se transmite y se contagia. La seguridad y la fiabilidad son requisitos fundamentales para usar sistemas ferroviarios y el transporte público en general, pero hacer cuñadismo político es una total irresponsabilidad política.
Estamos todos de acuerdo que para poder transportar pasajeros y mercancías de forma segura, hay que ofrecer seguridad, hacer auditorias, mantenimiento, revisiones y hacer inversión. En definitiva, optimizar la eficiencia haciendo que los sistemas y aplicaciones sean más fiables, reduciendo los tiempos, los fallos y sobre todo los accidentes. Pero, lo que no se puede es jugar con el miedo de las personas. Porque el tren y los aviones son seguros, aunque se cuestionen muchas cosas cuando hay accidentes.
Se puede hablar, cuestionar, criticar que una de las mejores redes de alta velocidad del mundo, se enfrenta a graves problemas de fiabilidad, por falta de inversión crónica. La oposición puede hablar que en Cercanías, Rodalies y Media Distancia, es un caos que afecta diariamente a miles de pasajeros con retrasos y cancelaciones.
La oposición puede prometer que si ellos llegan al poder, pondrán a los mejores expertos, realizarán todo tipo de inspecciones y mejorarán la organización, los mantenimientos y las inversiones. Pero, lo que no es lícito es cuestionar la seguridad ferroviaria apelando al miedo y negando su utilización.
Para recuperar la confianza de los pasajeros es necesario no atacar a la seguridad ferroviaria con dos accidentes trágicos, hay que reconstruirlo con mensajes de serenidad, transparencia y hechos. Es como un florero de cristal que se rompe, lo puedes pegar pero ya no es el mismo. La confianza tarda años en lograrse y minutos en perderse.
El cuñadismo político está haciendo mucho daño a las personas que obligatoriamente tienen que coger el tren para desplazarse a su trabajo, centro escolar o por ocio. Unos supuestos motivos técnicos de los cuales también son responsables tanto PSOE como el PP. Que requieren tiempo, organización e inversiones. Y, mientras tanto millones de personas tienen que seguir utilizando el tren y confiando en la seguridad ferroviaria.
No todo vale o por lo menos no debería servir todo, para conseguir votos y alcanzar el poder. Primero no utilizar nunca el dolor de las víctimas y segundo no transmitir el miedo a una falta de seguridad ferroviaria. Porque hay partidos políticos que solo prefieren destruir, atacar y hacer daño.
Según partidos políticos como PP y Vox, tampoco hay seguridad en las calles, en nuestra economía, en la política y ahora en los trenes. Y, todo es culpa de Pedro Sánchez. Si el cuñadismo político es dañino, lo es más aún el engañar y jugar con las emociones. Yo confío más en la seguridad ferroviaria que en el temor a un posible gobierno con determinadas ideologías, personas, actitudes y ‘cambios drásticos».
