cumplir 61 añosHoy me propuesto cumplir 61 años sin ninguna prisa, porque ahora es diferente a cuando éramos niños, que parecía que tuviésemos prisa por tener más edad. Hay que sentirse orgulloso y satisfecho por cada uno de los años que pasan y que tienes la oportunidad de vivir. A todos se nos ha pasado alguna vez por la cabeza, el vivir muchos años, pensar en la vida eterna o incluso nacer con la experiencia que uno tiene con los años. Hay una cita del escritor estadounidense Mark Twain que dice: “La vida sería infinitamente más alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos gradualmente a los 18”. Esa frase inspiró un cuento del gran escritor norteamericano Francis Scott Fitzgerald titulado: El curioso caso de Benjamin Button, que después sirvió para rodar una película con el mismo nombre. Este libro trata de un hombre que nace con la apariencia física de un hombre de 70 años y va rejuveneciendo con el tiempo: un hombre que, como cualquiera de nosotros, no puede parar el tiempo. Da igual que nuestro reloj biológico fuera a la inversa, es decir, nacer mayor y rejuvenecer con el paso del tiempo.

Aunque naciéramos con 61 años, con toda la experiencia de toda una vida, nos seguiríamos igualmente equivocando y la vida pasaría igual. Nuestro compromiso del paso por la vida, es que nos esforcemos en vivir apasionadamente, no frenar el tiempo que pasa, vivir el presente, olvidar la nostalgia del pasado y afrontar el futuro como algo que no existe, tenemos que crearlo. No me cambiaría por Benjamin Button que no podía aferrarse a las personas que pasaban por su vida y que envejecían a medida que iba rejuveneciendo hasta convertirse en un desamparado bebé, que pierde su memoria y se desvanece en la oscuridad. Una vida inversa que tiene el mismo final.

No es posible escoger en nuestra vida entre estas dos posibilidades, por eso me conformo con haber nacido, con las vivencias que he disfrutado y sufrido, con mis aciertos y mis equivocaciones; con personas que me han acompañado, unos que han nacido y otras que han muerto a lo largo de mi vida. Siendo consciente de que la única certeza que se tiene cuando naces, es que no sabes la vida que te queda hasta el día de tu muerte. No se trata de tener prisa por morirse, sino de estar preparado para morir, lo que es esencialmente diferente.

Sin miedo a ese día, pero con temor a una enfermedad que me incapacite físicamente o a un deterioro cognitivo. Mientras tanto ahora a los 61 años, me sigo aferrando a la vida y a los sueños, desde la bonhomía que siempre me ha caracterizado y que siempre me he resistido a cambiar. Sigo creyendo en la bondad del ser humano y confiando en las personas. Por muchos palos que reciba, soy ya demasiado viejo para cambiar. Al igual que sigo reivindicando la utopía como forma de no conformarse y de cambiar las cosas. Un año más o uno menos, esperando al siguiente, pero sin ninguna prisa…

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