Muchas niñas y niños españoles y del resto del mundo, viven en familias en las que no tienen dinero suficiente para celebrar la Navidad o para comprar regalos el día de Reyes. Esta mañana habrá niños y niñas que recibirán regalos comprados por sus padres, con la ilusión de que los han traído los Reyes Magos. Pero, otros tendrán que conformarse con un pequeño detalle o simplemente nada.
No es dramatismo, ni exageración, ni intentar buscar un sentimiento de culpabilidad, es sencillamente una realidad que desconocen nuestras hijas e hijos y que nosotros los mayores no hacemos nada para evitarlo. Hay campañas solidarias cada año, para intentar que no se quede ningún niño sin juguetes. Pero, son campañas con muy buena voluntad, pero que no puede solucionar un problema estructural.
La desigualdad, la exclusión o la marginación no se pueden resolver con acciones puntuales, sino con cambios profundos a nivel social. No hablo solo de indigentes que viven en la calle, de inmigrantes pobres sin papeles. Ni de los millones de niñas y niños que solo conocen la hambruna, la enfermedad y la violencia. Y, que nunca han oído hablar de los Reyes Magos, no de Papá Noel.
Me refiero a esas familias que sufren tal grado de privación, que están por debajo del umbral mínimo exigido por la dignidad humana. Esas familias que tienen lo justo para comer, que tienen deudas, que no pueden pagar un alquiler o que están a punto del desahucio. Que su única preocupación es subsistir, sin posibilidad de caprichos o de juguetes. Sin grandes comidas navideñas, sin consumimos absurdos.
Vivimos en una sociedad con un consumo excesivo, donde se come con desmesura y se regala con exceso. Acostumbramos a los niños al consumo navideño. Creemos equivocadamente que los niños serán más felices por recibir más regalos. Confundimos la felicidad con el consumismo. Les engañamos que tienen que ser buenos para que Papá Noel y los Reyes Magos, les traigan juguetes, Pero, no les inculcamos valores y enseñanzas como el valor de la familia, compartir con los demás. Enseñarles a valorar lo que tienen y a ser conscientes de que hay muchos niños que no son tan afortunados, teniendo empatía con ellos.
Esa parte de la sociedad que parece que no cuenta, que se intenta invisibilizar. Que dicen que no votan o que deciden arrojarse al vacío de la desesperación y votar a la ultraderecha. Esos adultos que no tienen trabajo o por lo contrario tienen uno o varios trabajos que les condena a la pobreza. Con imposibilidad de poder acceder a una vivienda o de pagar un alquiler. Con mayor dificultad para acceder a los servicios públicos. Esa parte de la sociedad que ha dejado de creer en los Reyes Magos y que deja a sus niñas y niños sin juguetes. Esta sociedad es profundamente injusta con los que tienen poco o nada.
