Ceuta quieren convertirla en un laboratorio del fascismo y tiene responsables: el Partido Popular y la extrema derecha. Cuando se busca la incitación al odio y la violencia con palabras como «invasores», «invasión» o «expulsión». Se daña la convivencia y se aprovechan ciertos partidos para intentar ganar votos. Como siempre cuando hay violencia, solo son unos pocos. Que no representan a la mayoría, pero que se extiende y al final queda representada toda la población ceutí.
Pasó en Euskadi con la kale borroka una estrategia de movilización coordinada por grupos de la izquierda abertzale. Para lograr el control de los espacios ciudadanos en el País Vasco y Navarra, con especial virulencia durante las décadas de 1990 y 2000. Sucedió también en Catalunya, donde la vía catalana siempre fue pacífica y no-violenta.
La celebración del referéndum del 1 Octubre (2017), fue la culminación de este proceso, la respuesta del Estado español, las diversas sentencias del TC. La criminalización y encarcelamientos de algunos de sus líderes. La intervención de las cuentas de la Generalitat y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Que al final culminó en violencia en las calles. Por supuesto ni toda Euskadi era terrorista y violenta, ni Catalunya era secesionista y violenta.
Ceuta después de más de mes y medio de personas en sus calles y playas, destaca la solidaridad de su ciudadanía, la resiliencia y también el hartazgo. Pero, hay intereses partidistas en la incitación al odio y violencia. Donde no es suficiente con «expulsar a los moros». Hacer boicot a Mercadona por vender productos marroquís. Y, ahora «no quieren que los grupos proetarras entren en Ceuta».
Cuando se refieren a grupos proetarras, estamos hablando de un colectivo navarro en defensa de los migrantes, llamado Negu Gorriak-Derecho a Techo, que tenía prevista su llegada a Ceuta el domingo, para repartir recursos humanitarios entre los migrantes. El simple rumor sirvió de pretexto para convocar una manifestación en contra, con el lema “¡Basta ya! Contra los radicales en Ceuta”. Por su intención de traer “desobediencia” y “resistencia” a la supuesta brutalidad con la que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y el Ejército están tratando a los migrantes.
Una manifestación que en principio tenía como objetivo rechazar a este colectivo, como se hizo con el grupo de ultraderecha Núcleo Nacional que llegaron a Ceuta a crear crispación. Pero, esta vez todo era distinto, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Ceuta, hacían un llamamiento a la movilización vecinal en «contra los grupos proetarras». Poniendo en el cartel una fotografía de varias personas del colectivo y una imagen de un vehículo gris con el número de matrícula visible. Pero, los violentos atacaron a un vehículo del mismo color y distinta marca, que era propiedad de la diputada de la Asamblea de Ceuta, perteneciente al partido Ceuta Ya.
La violencia se puede condenar por parte de todos los partidos políticos, pero sobre todo lo que no hay que hacer nunca es la incitación al odio y la violencia. Podemos entender que la ciudadanía ceutí esté harta, pero la violencia nunca es el camino para conseguir nada. La derecha y la extrema derecha tienen una obsesión con ETA y los proetarras. Parece que no tienen suficiente con la crisis humanitaria, que ahora despiertan su rechazo a un colectivo navarro, a la Cruz Roja, a Cáritas Española o a cualquier ONG, que solo pretenden ofrecer ayuda humanitaria.
Ceuta es multicultural y viven en una ciudad de África que es española y que tiene como vecino a Marruecos, lo que le infiere una singularidad especial junto a Melilla. Es un ciudad que quieren convertirla en un laboratorio del fascismo y que todos conocemos sus responsables. Es sencillo en una ciudad conservadora como Ceuta, con muchos funcionarios y militares. Con un pasado en el que el dictador Franco y el fundador de la Legión José Millán-Astray tuvieron mucha relevancia. En una ciudad que aún hay calles que recuerdan a los generales Gonzalo Queipo de Llano, José Millán Astray y Antonio Aranda. O el obelisco del Llano Amarillo, que ya no tiene sus menciones y símbolos franquistas que se erigió como “juramento antes de la batalla” previo al inicio de la Guerra Civil española, que se amotinaron en Marruecos.
Es muy sencillo despertar la incitación al odio y la violencia sacando el tema de ETA y los proetarras. Al igual que es fácil vender el tema de la soberanía española. Pero, Ceuta no necesita utilizarse como laboratorio del fascismo y del racismo para incendiar las calles con odio. Ceuta necesita la solidaridad del resto de las 17 autonomías, repartiendo a los menores no acompañados. Juan Jesús Vivas tiene la tutela sobre los menores, puede llevarlos a la península o quedarse en Ceuta. Porque la opción del retorno a Marruecos, todos sabemos que no es factible legalmente. Se mantiene el enquistamiento de una crisis, para conseguir un resultado electoral y mientras tanto inoculan odio y violencia.
