Donde sería necesaria una reforma de la Constitución para modificar el artículo 1 del título preliminar, que recoge que “la forma del Estado español es una monarquía parlamentaria”. Pasando al Senado, que debería ratificarlo con la misma mayoría cualificada.
Pasado el trámite de que ambas cámaras estuviesen de acuerdo, Se debería disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones. Teniéndose que repetir las votaciones entre los nuevos diputados. Alcanzado el acuerdo para la reforma constitucional. Solo quedaría que la ciudadanía española fuese consultada por referéndum, sobre el cambio de la Jefatura del Estado.
Es un proceso donde debería de haber en el Congreso de los Diputados una mayoría cualificada. Es decir, dos tercios o más de la Cámara baja a favor. Y, que en las nuevas elecciones se volviera a repetir dicha mayoría, dispuesta a cambiar de monarquía parlamentaria a república.
¿ Complicado ? Me atrevería decir, que muy difícil. Y, menos aún con la composición actual, pero no hay nada imposible. España será republicana algún día por convicción. Porque es más lógico que las funciones que desempeña el rey por cuestión hereditaria, lo haga un presidente o presidenta de la república votado por la ciudadanía.
La monarquía es un anacronismo y una anomalía democrática. Donde en España, Juan Carlos I fue designado sucesor por el dictador Franco en 1969. Bajo la ilegalidad del régimen y donde la ciudadanía no pudo elegir libremente al jefe de Estado. La abdicación de Juan Carlos I, el 19 de junio de 2014, hubiera sido el momento de plantearse un cambio. Pero, nadie hizo nada.
Es injusto que la persona que encarna la jefatura del Estado no sea por cualidades políticas. Sino por la sucesión del poder por lazos de consanguinidad. Hemos legitimado que el poder político sea transmitido de generación en generación por dinastías familiares. Y, no por el mérito individual o por la decisión colectiva de la ciudadanía.
En España, aún hay demasiadas personas que tienen miedo a la exigencia democrática de someter por referéndum: la permanencia o la abolición de la monarquía. Que piensan que la monarquía es un símbolo unificador. E incluso consideran su papel fundamental en la democracia española.
La tendencia a adjudicar todos los logros de la democracia a Juan Carlos I, no es cierta. Porque la democracia es mérito de la ciudadanía. El rey solo reflejó los deseos de la sociedad española. Su obligación era actuar correctamente.
Sin embargo, muchos parecen olvidar el intento de golpe de Estado de 1981. Su cacería de elefantes mientras España estaba en recesión. Las acusaciones de corrupción a su hija Cristina y a su marido. Además, de causas abiertas al monarca por fraude, blanqueo y cohecho que fueron archivadas. Por su inviolabilidad, prescripción y arrepentimiento pagado.
A pesar de todo, sigue habiendo un apoyo a la monarquía. Y, solo la mera hipótesis de que España será republicana, crea recelos tanto al Gobierno como en la oposición. Parece que casi nadie está dispuesto a abrir dicho pastel. Por ahora, se prefiere tener a un jefe de Estado por la gracia de Dios, que por la elección de la ciudadanía. Pero, algún día España será republicana.
