Nuestro voto no solo sirve para cambiar las cosas, sino para cambiar a los que nunca quieren cambiar las cosas. Después de 16 años y una gran participación en Hungría, el primer ministro Viktor Orbán y su «democracia liberal» se podrá cambiar.
Hungría colaboró con la Alemania nazi, incluso participando directamente en el Holocausto. Fue ocupada por las tropas soviéticas en 1945 tras la derrota de las fuerzas del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Viktor Orban tuvo mucho protagonismo en la salida de los rusos en 1991.
Viktor Orbán, líder de la conservadora Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz). Pasó de un radicalismo libertario y anticomunista hasta el conservadurismo social de hoy. Con su política antiinmigración has sido el referente de la ultraderecha europea. Orbán se unió al grupo de Patriotas por Europa, el mismo de Vox.
A pesar del férreo control sobre los medios estatales, los cambios que introdujo en el sistema electoral para favorecer a su partido y la enorme influencia que ha tenido en la sociedad magiar. Ha perdido las elecciones, el mejor aliado de Putin y de Trump en Europa.
Magyar ha ganado las elecciones hablando poco de política exterior: de Ucrania y de la Unión Europea. Hablando de cuestiones del día a día, como la corrupción, la economía y la mala atención sanitaria. Lo cual demuestra la importancia del voto para cambiar las cosas y para cambiar a los que no quieren cambiarlas.
A lo mejor, no hay grandes diferencia entre el movimiento Tisza de Magyar y el partido Fidesz de Orbán. Los dos son conservadores y Magyar perteneció al partido de Orbán. Pero, de momento el nuevo primer ministro, tiene la confianza del pueblo, que ahora no debe defraudar.
La derrota de Orbán muestra el camino a no rendirse ante la extrema derecha. En Andalucía y en las elecciones generales no hay nada perdido. Está demostrado que la participación es fundamental para cambiar el voto. Se puede y se debe confiar en mantener el voto progresista en Andalucía primero y en las generales, después.
