Hoy 12 de octubre es la Fiesta Nacional de España, el Día de España y de todos. Aunque tengo mis serias dudas ¿ si es de todos o solo de algunos ? Desde el 12 de octubre de 1914 se celebraba el Día de la Raza, durante el franquismo se siguió celebrando. Pero, también se denominaba Día de la Hispanidad conmemorando el 12 de octubre de 1492, fecha en que Cristóbal Colón llegó al continente americano. Aparte, de ser la festividad de la Virgen del Pilar, como patrona de la Hispanidad y de la Guardia Civil. Una fecha que siempre ha servido para ensalzar el pasado colonial y la expansión de España en América. De pésimo recuerdo para todos los países de América latina y para sus habitantes.
Cuando llegó la democracia a España, se hubiera podido escoger como Día de España, el 6 de diciembre Día de la Constitución Española, porque es la fecha en la que se aprobó la Constitución en un referéndum. Pero, se prefirió optar por recordar el hecho de la Hispanidad, antes que el triunfo de la democracia después de cuarenta años de dictadura. La Fiesta Nacional de España no une a todos los españoles, ni su bandera, porque se la han apropiado una parte de la derecha española.
No se puede aceptar que se insulte, se silbe y se abuchee al presidente del Gobierno, en un día que se supone que es de todos. Faltar el respeto al presidente del Gobierno es una muestra de mala educación y degradación de la convivencia. Una parte de las derechas han normalizado el decir: «Pedro Sánchez hijo de puta«. Una agresividad verbal que se ha convertido en norma, por un supuesto cabreo de la ciudadanía y por supuesto siempre dentro de la libertad de expresión y de manifestación en el espacio público. Con la presencia del jefe del Estado, delante de todos los mandos del ejército y tropa. Con la asistencia de la clase política, miles de ciudadanos en las calles y por supuesto todos los medios de comunicación.
Pedro Sánchez ha sido insultado en el Congreso de los Diputados como «traidor», «ilegítimo», «mentiroso compulsivo, «felón», «incapaz», «incompetente», mediocre» y hasta «okupa». Se llegó a popularizar el «me gusta la fruta» de la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso. Insultar a Pedro Sánchez se ha convertido en el deporte nacional. Pero, es atacar a la institución que nos gobierna, es por lo tanto un ataque a la democracia, una falta de respeto a la persona y a lo que representa.
En teoría los ciudadanos somos individuos autónomos y responsables, personas maduras capaces de tomar nuestras propias decisiones. Insultar no es libertad de expresión, es intolerancia, es falta de respeto a los derechos de las personas y en especial a la dignidad humana. Los insultos son la incapacidad de regular nuestras emociones, es la incapacidad de argumentar de otra manera. Se hace por las redes sociales, en las calles, en los hogares, en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Hemos normalizado el insulto y la descalificación como si fuera una opinión. Si uno quiere asistir a un desfile militar como celebración del Día de España, no tiene la obligación de aplaudir y de vitorear al presidente del Gobierno, pero tampoco de ir para insultarle.
Los insultos pueden tener una explicación de carga emocional, pero se pierde con ellos el significado de casi de todo. Puedes haber votado a Pedro Sánchez o a uno de los partidos que ayudaron a su investidura y no estar conforme. Los hay que no le votaron y tampoco están de acuerdo con sus decisiones. Pero, por encima de opiniones e ideologías debería de estar el respeto. Un lenguaje agresivo y con insultos no ayuda a la unión de los españoles y mucho menos para celebrar el Día de España.
Nos equivocamos con esta reacción primaria con los que disentimos, vulnerando la dignidad y la integridad moral de nuestros oponentes. Lo único que hacen ciertos políticos es fomentar y ampliar la polarización, promoviendo el odio. Estigmatizando como estrategia para captar el apoyo popular, explotando los sentimientos y los resentimientos. Enmascarando la falta de propuestas concretas y estructuradas para las necesidades socioeconómicas y sociopolítica de España. Y, la ausencia de un verdadero compromiso con el Estado del bienestar social. Es más sencillo insultar, que proponer.
La Fiesta Nacional de España, importa a muy pocos. Para muchos es una fecha para pensar en el ocio, donde muchos sienten una total desafección. Sin embargo para otros, es el momento de apropiarse de la bandera, de la patria y de una serie de valores que las derechas han hecho suyos. Y, que aprovechan para ver un desfile militar e insultar al presidente del Gobierno. Justificando su violencia verbal, el odio y el ataque a la democracia. Socavando el respeto mutuo, la tolerancia y la búsqueda del diálogo constructivo, para llegar a entendernos todos.
