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Los que dicen ser cristianos, no pueden servir a Dios y al dinero..

La RAE define el cristianismo como un «Conjunto de creencias y preceptos que constituyen la religión de Cristo«. En España, el cristianismo es la religión mayoritaria y predominantemente el catolicismo. Somos cristianos como fruto de la dictadura franquista, donde un español como es debido tenía que ser católico y mantener una estricta moralidad religiosa. El bautizo se convirtió en una imposición social y religiosa, nadie nos preguntó si queríamos católicos. La Iglesia Católica se impuso como la religión del régimen, un instrumento de propaganda que llegó a justificar moralmente el golpe de estado contra el gobierno legítimo de la Segunda República, que tuvo casi cuarenta años para ideologizarnos.

La Iglesia Católica y el franquismo, en su particular batalla del Bien contra el Mal, en su Cruzada contra el comunismo, nos convirtieron a todos en cristianos católicos y al  dictador Franco en «Caudillo de España por la gracia de Dios”. Somos unos cristianos peculiares, algunos que se consideran «católicos practicantes». Y, otros que nunca van a misa, pero asisten a las procesiones y romerías religiosas, planificando su ocio en las «fiestas de guardar».

Curiosamente en un país como España, que según nuestra Constitución Española, es un país aconfesional. Tenemos todas esas «fiestas de guardar», donde se celebran eventos importantes en la vida de Jesús, la Virgen María y los santos. No tenemos religión oficial, se supone que se garantiza la libertad religiosa, pero tenemos plagado el calendario de fiestas religiosas, impuestas por la costumbre, la cultura y por supuesto por la religión.

Hemos pasado la Navidad y nos quedan apenas unos días para los Reyes Magos. Fechas que tienen que ver aparentemente con la esencia del cristianismo, pero donde el dogma de fe es el consumismo. Donde el capitalismo salvaje ha olvidado las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jesús, disparando el gasto abusivo en las familias y en las instituciones públicas. Donde los que dicen ser cristianos, se olvidan de las situaciones de injusticia, convirtiendo unas fiestas supuestamente sagradas en puro neoliberalismo y mercantilismo. Esos cristianos se convierten en insensibles a los sufrimientos y necesidades de tantas personas, solo les importa los grandes ágapes y las compras navideñas.

«Por sus frutos los conoceréis.» (Mateo 7:16-20) La Iglesia y la sociedad está llena de cristianos que ni por sus acciones, ni por el resultado de sus obras, los podemos definir como cristianos y mucho menos que sigan las enseñanzas de Jesús, en su compasión con las víctimas y sus sufrimientos. Que nació, vivió y murió pobre. Unas fiestas navideñas que son el contrapunto del verdadero cristianismo, donde solo importa lo lúdico y lo material.

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:24) No se puede ser cristiano, servir a Dios y al dinero a la vez. En una sociedad en que hay tanta desigualdad e injusticias, donde existen tantas personas que viven en el límite de la pobreza y en la violencia, el consumismo se convierte en un pecado capital en contra de Dios, del prójimo y de uno mismo.

Las fiestas navideñas están prostituidas por el neoliberalismo y el mercantilismo. Jesús perdió los estribos y expulsó a los mercaderes del templo (Mateo 21:12-36). Ahora, cristianos y no cristianos, agnósticos y ateos, hemos caído en las manos del Capital. Donde seguimos cayendo permanentemente en unas fiestas que la derecha se autoproclama defensora de la religión cristiana y de sus tradiciones. Y, donde las fuerzas progresistas no quieren convertirlas en unas fiestas laicas, en unas fiestas de compartir y disfrutar, sin mezclarlo con el consumismo y la religión. Donde nos deseemos unas felices fiestas sin entrar en conflicto con nuestras creencias.

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