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La guerra de Ucrania no se ha acaba.

La guerra de Ucrania no se ha acaba, porque no interesa. Han dejado de ser noticia los bombardeos, las muertes, los heridos, la destrucción. Solo importa el rearme de la OTAN, la no dependencia y el negocio armamentístico de Estados Unidos. Todo basado en una supuesta amenaza de Rusia, en la seguridad de los países de occidente.

Se cumple en estás fechas cuatro años del comienzo de la guerra. Aunque ya a finales de 2013, estalló un conflicto con las fuerzas separatistas de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk, en el Donbás, con el apoyo ruso. Y, después la anexión unilateral de Crimea por Rusia, en marzo de 2014, no reconocida internacionalmente.

Rusia inició su invasión de Ucrania en febrero de 2022, con gran cantidad de medios aéreos, terrestres, navales, cibernéticos y humanos. Con la excusa de proteger a los ciudadanos rusos y por sentirse amenazada por Ucrania, además de la proximidad de las fronteras de la OTAN. Pensando en una victoria rápida.

La invasión rusa de Ucrania supuso un cambio geopolítico y el miedo en los países europeos fronterizos con Rusia. La UE y la OTAN se enfrentó a sus propias vulnerabilidades y limitaciones para afrontar el conflicto: no teniendo la suficiente autonomía tecnológica, militar y energética. Aparte, de su dependencia de Estados Unidos.

Todo esto supuso la ayuda militar y económica a Ucrania por parte de la UE y Estados Unidos. Además, de la promesa electoral de Trump de «acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas». Pero, después de cuatro años la guerra continua. Con alrededor de 5,9 millones de personas refugiadas en el resto de Europa.

La guerra de Ucrania fue una agresión contra un Estado soberano, donde occidente mostró su apoyo por considerarlo un ataque a sus principios. Pero, a medida que ha ido pasando el tiempo, la guerra de Ucrania solo ha servido para avivar la polémica de la inversión en defensa y la dependencia de Estados Unidos.

Donde preocupa más, que Europa obtenga su propia soberanía militar como conjunto, a la guerra de Ucrania y el sufrimiento de sus habitantes. Donde Ucrania está envuelta en decidir entre una mala paz o la mejor de las guerras. Porque Ucrania es la excusa para seguir invirtiendo en armas, donde no interesa el pacifismo, solo los intereses y el pragmatismo en aras de una supuesta seguridad nacional de Europa.

Nadie habla de una guerra que viola deliberadamente todas las convenciones de las viejas guerras, donde se olvidan los derechos humanos y la legitimidad política. Donde se emplea el invierno como arma de guerra.

Está claro, que desgraciadamente, no todas las guerras nos importan por igual, pero que al final todas se convierten en guerras olvidadas. La Rusia de Putin ha pasado de ser una amenaza para Ucrania a serlo para toda Europea. Un pretexto premeditado, organizado y metódico para subir los presupuestos en armamento.

Cuando nos hacen sentir una amenaza real y cuando vemos que se puede poner en peligro nuestra integridad entonces la ciudadanía activa el mecanismo de alerta y está dispuesta a refrendar los gastos en defensa. Somos marionetas en una situación geopolítica, donde no importa acabar con la guerra de Ucrania, importa solo el negocio armamentístico.

Cuatro años de guerra se han convertido no en una cuestión de solidaridad, empatía y soberanía con el pueblo ucraniano, sino en un puro negocio.  Por eso, por desgracia, la guerra de Ucrania no tiene fin. Y, cuando acabe ésta, comenzará otra. No importan las muertes, el sufrimiento y el tiempo que dure la guerra de Ucrania.

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