Ayer Domingo de Resurrección el rey emérito Juan Carlos I hizo una «gran faena» en la plaza de toros de la Maestranza (Sevilla). Se denomina así al gran trabajo que hace un torero en una corrida de toros, especialmente con la muleta, desde el primer pase hasta la estocada y el descabello final. Evidentemente Juan Carlos I no toreó, pero utilizó todas las suertes para conseguir que el público de La Maestranza lo vitorearan y aplaudieran como a un rey.
El rey emérito quiso ser ser testigo en primera persona de la vuelta al ruedo de Morante de la Puebla y de otros toreros como Roca Rey y David de Miranda. Pero, el protagonista de la corrida fue él con su baño de masas. Donde solo faltó que el público sacara pañuelos blancos para solicitar al presidente de la plaza la concesión de trofeos para el rey emérito. Y, de paso sacarlo por la Puerta del Príncipe. Que es la puerta más preciada para sacar a los toreros, tras obtener un mínimo de tres orejas y la autorización del presidente.
La popularidad del monarca estaba afectando al prestigio de la Corona y, aunque intentó revertir dicha tendencia, tuvo que renunciar al trono el 2 de junio de 2014, tras 39 años de reinado. Don Juan Carlos dejó su actividad institucional, no por su propia voluntad sino presionado por la Casa Real. En una carta del padre al hijo, fechada en Zarzuela el domingo, 27 de mayo de 2019. Juan Carlos comunicó a su hijo Felipe VI, que «cuando han transcurrido cinco años desde aquella fecha (la abdicación), creo que ha llegado el momento de pasar una nueva página en mi vida y de completar mi retirada de la vida pública».
Don Juan Carlos dejó su actividad institucional, no por su propia voluntad sino presionado por la Casa Real. En una carta del padre al hijo, fechada en Zarzuela el domingo, 27 de mayo de 2019. Juan Carlos comunicó a su hijo Felipe VI, que «cuando han transcurrido cinco años desde aquella fecha (la abdicación), creo que ha llegado el momento de pasar una nueva página en mi vida y de completar mi retirada de la vida pública».
Pero, la discreción y Juan Carlos I siempre ha estado reñida. Su abdicación o renuncia es tuvo muchas causas, desde el escándalo del «caso Nóos»; la desafortunada cacería en Botsuana y el caso de supuesto fraude fiscal y blanqueo de capitales. Un rey que recibió en 2008, de parte de la monarquía saudita 100 millones.
Un caso destapado en 2018 a raíz de un grabación de su ex amante Corinna, en la cual nos enteramos que era una comisión como intermediario de la construcción a favor de los intereses comerciales españoles en la construcción de la línea de tren de alta velocidad que une la ciudad santa de la Meca con Medina, en Arabia Saudita. Después le Juan Carlos le transfirió en 2012, a Corinna Larsen 65 millones.
En agosto de 2020 el rey emérito Juan Carlos I anunciaba su salida de España, a Abu Dabi, capital de Emiratos Árabes Unidos, tras una intensa polémica por las investigaciones que se estaban llevando a cabo sobre sus finanzas. Ha vuelto repetidas veces a España para acudir a regatas en Sanxenxo. Donde se habla del interés de volver a España, donde su hijo le dijo que si desea regresar definitivamente a España debe fijar nuevamente su residencia fiscal en el país.
Ha querido rematar su «gran faena» en Sevilla, en la corrida del Domingo de Resurrección, donde se ha sentido como el torero que sale por la Puerta del Príncipe, con los vivas al rey, las faenas dedicadas y sobre todo con los aplausos del público de La Maestranza. Un público que parece olvidar los supuestos delitos de fraude fiscal o blanqueo de capitales después de 2014, de ese rey que quieren que vuelva.
Juan Carlos ha venido desde Abu Dabi en su avión para reivindicar su «gran faena» en la catedral del toreo, para demostrar que el pueblo le ha perdonado y que quiere que vuelva. La Constitución establece que la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Si quiere volver a España, que devuelva el dinero, ya que no puede ser juzgado como cualquiera que cometa un delito.
