El cristianismo representa aproximadamente un tercio de la población mundial, entre católicos, protestantes y ortodoxos. Quizás sea la mayor mentira jamás contada durante siglos y que aún perdura. Porque lo difícil de cuando se cuenta mentiras, es que no se descubra la verdad.
La religión es una parte fundamental de la vida de muchas personas en el mundo. Aparte del catolicismo, en la población mundial se profesan otras religiones como el islam, el hinduismo, el budismo o el judaísmo. Aparte, de las variantes y decisiones en cada una de las grandes religiones.
Después hay una parte de personas, que podemos englobar entre ateos, agnósticos y personas que no se identifican con ninguna religión en particular. Pero, que incluso ellos participan cultural y socialmente de las religiones tradicionales.
Las religiones son la mayor herramienta de control masivo de la historia. Como dijo Karl Marx en 1843 en su obra «Crítica de la filosofía del derecho de Hegel»: «La religión es el opio de los pueblos». Porque todas las religiones actúan como un engaño para la población, basado en la fe, de algo que no ha existido. Porque dios no existe.
La historia de la humanidad la han escrito las religiones, ellas han permanecido durante siglos, haciendo guerras en el nombre de sus dioses, manteniendo dogmatismos absurdos e injusticias, atesorando grandes fortunas e influyendo social, moral y políticamente en millones de personas.
Convirtiendo no solo al cristianismo, sino a la mayoría de las grandes religiones, en un gran negocio. Convirtiendo el monoteísmo en la tapadera de lo que podíamos calificar grandes empresas multinacionales, con grandes patrimonios, enormes beneficios y muchas opacidad. Donde la igualdad y la democracia no existen.
El cristianismo es la mayor multinacional existente, que supuestamente comenzó con un nacimiento en un pesebre. Mucho mayor que cualquiera de las grandes tecnológicas, con más sucursales, más empleados y clientes. Y, con el producto más barato, basado en la fe, que se ha mantenido durante siglos y que sigue perdurando en una sociedad moderna, individualista y hedonista.
La religión cristiana y concretamente el catolicismo no solo representa un tipo de creencia, sino que es un poder fáctico que intenta manipular a las sociedades laicas y a confesionales. Nos imponen sus costumbres, sus fiestas y sus credos. Nadie puede huir de la Navidad, de la Semana Santa y de determinadas celebraciones que determinan la libertad del resto de la población.
La Iglesia católica española aparte de su gran patrimonio, oculta sus enormes ingresos y gastos que supuestamente dedica a obras sociales. Además, recibe por parte del Estado más de 400 millones de euros a través de la asignación tributaria del IRPF, aparte de múltiples subvenciones y exenciones fiscales. Que la convierten en un verdadero paraíso fiscal.
Como todos los años las fiestas religiosas transforman nuestras ciudades, nuestras costumbres e incluso nuestro ocio. Se ha convertido en una costumbre relacionar los supuestos tiempos de fe, en una excusa del hedonismo y de hacer negocio para la hostelería, restauración y empresas de ocio en general.
Relacionamos Semana Santa con vacaciones, con turismo cultural y religioso, pero también como forma de esparcimiento, descanso o simple gasto económico, con la excusa de la religión y de la fe. De la que colaboran los que pueden económicamente, con independencia de sus creencias.
Un año más, desde una religiosidad prostituida por el consumismo. Desde la grandiosidad, mezclada de costumbrismo y folklorismo. Con una puesta en escena, digna de los mejores autores y escenógrafos, convierten a la Semana Santa en un espectáculo donde se mezclan los actores y el público en general.
Hay que rendirse a la realidad, este cristianismo sigue con sus mentiras, llenando calles y templos. Ocupando noticias en medios de comunicación, condicionando la libertad de los que no creemos. Y, sobre todo distrayendo la opinión de las personas, con la mayor mentira jamás contada.
