La dignidad política no se compara.

Por desgracia, de los políticos esperamos poco. La política es el ejercicio del poder público que busca el bien común de la sociedad. Ser político es un acto de decisión propia, una vocación y un hecho voluntario para trabajar en ese bien común. Los políticos con su dignidad política, pueden dignificar o degradar la política. Y, eso significa ser coherente con unos valores, mirando a la política como un servicio y como una vocación o ser totalmente incoherente. Todas las comparaciones en la vida son odiosas. En la dignidad política no hay comparaciones. Se tiene o no se tiene. En tiempos de mediocridad, de oportunismo, de banalidad, de incoherencia, de deslealtad, de mentiras, de frivolidad, de interés por lo accesorio y lo particular. Estamos olvidando la honestidad, la lealtad, la sinceridad y la coherencia. Parece que los políticos discuten y proponen lo que a ellos les interesa y les conviene. Y, no…

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