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La dictadura de la economía de mercado.

Ya tenemos las medidas anticrisis del Gobierno en el BOE,  a partir de hoy tenemos que ver la bajada de precios de los combustibles en las gasolineras. Pero, todos somos conscientes que los precios son más fácil que suban y más difícil que bajen. Vivimos en la dictadura de la economía de mercado, donde los precios de bienes y servicios se determinan por la oferta y la demanda.

El sistema capitalista, es el único sistema económico que ha triunfado con todas sus imperfecciones, ante un socialismo que ha fracasado como alternativa. El capitalismo, a pesar de sus  deficiencias, es un sistema económico mejor que su alternativa, el socialismo. La planificación central y la abolición de la propiedad en el socialismo se ha cambiado por un sistema económico basado en la propiedad privada y donde se puede generar riqueza y también pobreza.

La economía de mercado es un componente fundamental del capitalismo. Que utiliza las fuerzas de la oferta y la demanda para organizar la producción, fijar precios, distribuir bienes y especular. Un gobierno invisible que es una verdadera dictadura, en la que nos moldean nuestras necesidades para entrar en el consumismo.

Un sistema económico como el capitalismo se relaciona con la libertad. Sin embargo, la libertad es uno de los motores fundamentales para cambios sociales, políticos, económicos e individuales. Pero, en el capitalismo somos todos esclavos, donde la capacidad de elegir y de tomar decisiones está predeterminada por la economía de mercado y el dinero.

Absolutamente toda libertad está condicionada por el poder económico, sea libertad política, libertad social, libertad económica o libertad de prensa. El ser humano nace libre, pero la libertad para poder elegir se basa en tener dinero y nos condenan a vivir en el consumismo. La promesa de libertad es consumir.

El neoliberalismo piensa en Estados y mercados, pero no en las personas. Donde la economía de mercado está por encima de todo, incluso de la democracia. Donde lo productivo y la generación de beneficios es lo único que importa. El poder de decidir está subordinado al dinero que ganan solo unos pocos. Son los que deciden lo que se produce y lo que consumimos.

Vivimos en una sociedad egoísta, individualista y centrada en la codicia de tener, antes que en el ser. Perdemos nuestra capacidad crítica, dejamos de pensar y otros deciden por nosotros. Estamos amarrados económicamente al sistema. Vivimos la vida que nos construye la publicidad, las redes sociales y el consumismo en general. Donde casi todo lo que deseamos se consigue con dinero.

Se pone precio a casi todo y nosotros caemos en la trampa sin pestañear y sin protestar. Trabajamos para comprar, para vivir endeudados. Intentamos comprar la felicidad. Donde nosotros somos los que hacemos que funcione la economía de mercado y por lo tanto el capitalismo. Nosotros somos los que hacemos a unos pocos, cada día más millonarios.

En esta guerra ilegal de Trump y Netanyahu contra Irán, nosotros pagamos más caro el combustible, los alimentos, los servicios… No sirven de nada los escudos sociales, todo lo que sube permanece, nada baja. El neoliberalismo gana la batalla en los niveles más altos de la estructura social y política, pero ataca a las capas más bajas de la población.

Donde un número limitado de personas tienen el control del mundo y por supuesto de nosotros. La libertad la hemos perdido y quizás pronto perderemos también la democracia. Es tan triste que hasta la derecha use el eslogan «comunismo o libertad». Es decir, que los que discrepamos de esta sociedad neoliberal, nos tachan de comunistas, además de acusarnos de no creer en la libertad.

Somos marionetas del sistema y del poder económico. Nos engañan con el marketing y la publicidad para monetizar nuestro comportamiento, utilizan mecanismos psicológicos y tecnológicos sofisticados para captar nuestra atención y dirigirnos hacia el consumismo. Crean guerras para imponer un nuevo orden  internacional y hacer negocio en una economía de mercado. La única libertad que nos queda es adaptarnos a las necesidades del mercado.

Nadie va en contra del sistema, incluso hay tendencia a votar al populismo de la extrema derecha, que es más de lo mismo. Donde la izquierda ha perdido su norte y el Estado del bienestar ya no sirve a las personas que están más abandonadas por el sistema. Y, concentrándose la riqueza en un pequeño número de personas muy ricas.

No creo que seamos ni libres, ni felices, somos esclavos de la dictadura de una economía de mercado. En la cual el egoísmo, el individualismo y el hedonismo marcan nuestra vida. Nos da igual que haya guerras, que se produzcan genocidios, que miles de inmigrantes tengan que huir de sus países. Que no hayamos sido capaces de erradicar el hambre y la desigualdad. Nos preocupa la subida de los combustibles, de la cesta de la compra y de la vivienda. Pero, mientras seguimos ayudando a que este sistema capitalista nos devore poco a poco y votando a la derecha y a la extrema derecha, que son los guardianes del poder económico.

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