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La desafección por la política solo beneficia a la extrema derecha.

Los juicios mediáticos que han comenzado esta semana, tanto el caso Kitchen, como el caso de las mascarillas con Ábalos, Koldo y compañía, ponen a prueba la desafección por la política en la ciudadanía en general. Con más decepción, más desconfianza, más desafección, más desconexión y más desinterés por la política. Donde solo se beneficia la extrema derecha.

El caso Kitchen temas que ya parecen olvidados por el transcurso del tiempo y la demora de la justicia. Partiendo del escándalo Gürtel que bajo el Gobierno del Partido Popular (2011-2018), donde el Tribunal Supremo confirmó que el Partido Popular se benefició económicamente de la trama. Se puso en marcha un operativo parapolicial para acceder a la información comprometedora en poder del extesorero del PP Luis Bárcenas, antes de que pudiera llegar a los tribunales.

Un caso de corrupción como el Gürtel, donde el PP destruyó los discos duros de los ordenadores a martillazos. Donde se avaló la existencia de una contabilidad paralela o caja B. Y, que precipitó en 2018, la moción de censura que puso fin al Gobierno de Mariano Rajoy y el comienzo del Gobierno de Pedro Sánchez.

En el caso Kitchen aparecen el ex ministro de Interior Jorge Fernández Díaz, junto a él aparece Francisco Martínez, exsecretario de Estado de Seguridad. Y, otros miembros de la cúpula policial y de las cloacas del Estado, que pudieron ser utilizadas para proteger intereses políticos. El tiempo ayuda a olvidar y a desvirtuar lo que pasó. Ahora, en el juicio relucirán temas del pasado, que el PP de hoy en día, se desvincula de su responsabilidad. Pero, para la ciudadanía, es un hecho más de falta de confianza y de desafección en la política.

Paralelamente el juicio de las mascarillas, que no podemos comparar, ni decir que es menos importante. Otro caso de corrupción que genera desafección en el conjunto de la ciudadanía. Porque es paradójico que los que hicieron una moción de censura contra la corrupción, acabaron cayendo en ella. Donde supuestamente Ábalos, Koldo García y el empresario Aldama se enriquecieron con la venta de mascarillas en plena pandemia.

Se les imputan varios delitos: cohecho, organización criminal, tráfico de influencias y malversación de caudales públicos. Por presuntamente, desde el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y como ministro José Luis Ábalos, se favoreció en pandemia la adjudicación de material sanitario a la empresa Soluciones de Gestión, vinculada a Víctor de Aldama.

Una pandemia de Covid-19, que en 2020, causó en España más de 80000 fallecimientos. En la que hubo una escasez global de mascarillas, con especulación de precios y desprotección en pacientes, cuidadores y personal sanitario. Pero, que sirvió para que muchas personas sin escrúpulos y carentes de principios morales, lograran grandes beneficios económicos. Donde no están todos los que son.

El resumen es que nadie quiere reconocer sus fallos, que es más sencillo criticar y magnificar los errores del adversario. Pero, mientras hay una ciudadanía que desconfía de la clase política, que piensan que la democracia no funciona tan bien como debiera. Que muestran su desafección a la política y la escasa participación en las elecciones.

Es cuando, viene la caída en el voto a partidos socialdemócratas, cuando una parte de la ciudadanía se cuestiona los fundamentos de las democracias liberales y comienzan a votar a los populismos de la extrema derecha. Porque independientemente de las sentencias de estos dos juicios, solo se beneficiará la extrema derecha.

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