La especulación capitalista mediante la aplicación de políticas de libre mercado y privatización, se han apropiado de los bienes naturales, de los servicios y de la tecnología. La gestión de la economía no es pública, es privada.
Gracias a la especulación y a sus flujos financieros de mercados en mercados, se elevan artificialmente los valores de sus inversiones y se benefician de altas rentabilidades.
El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, hace hoy una semana, no cambiará ni el sistema político, ni beneficiará a los iraníes, ni a la gente normal del resto del mundo. Todo está calculado para favorecer a una élite de multimillonarios que se harán más ricos con esta guerra ilegal.
En tan solo una semana los mercados bursátiles, presa de la especulación capitalista, han tenido fuertes caídas. Ha subido ya, el precio del gasóleo, del gas y de la luz, impulsado por el conflicto bélico y la amenaza de suministro global desde el Golfo Pérsico. Lo que supondrá un alza inflacionaria provocada por la especulación.
La especulación capitalista siempre encuentra alguna razón para que unos pocos logren una acumulación rápida de dinero. Los especuladores están dispuestos a generar beneficios de esta guerra ilegal, con la inacción de los Gobiernos.
Porque el 50% del precio final de la gasolina corresponde a impuestos, entre el Impuesto Especial de Hidrocarburos y el 21% de IVA, lo que supone una entrada de más dinero en las arcas del Estado.
Los movimientos especulativos, producen alzas en los precios de la energía, de lo que se deriva un aumento generalizado de bienes y servicios, lo que comporta un riesgo inflacionario y el consecuente desgaste de los salarios. Está claro que las grandes empresas amplían su capital, no solo produciendo sino especulando.
Las políticas neoliberales han impuesto el dominio de la especulación sobre la producción, por una falta de regulación y el aumento de los negocios virtuales producto de los avances tecnológicos.
Lo que significa un alza de precios en los productos de consumo, en una economía abierta como la nuestra. El resultado es que la mayoría de la sociedad está cada vez más excluida económica, social y políticamente.
Cuando Trump declara una guerra ilegal, sabe que comenzará una especulación capitalista de guerra. Que las ganancias de las empresas norteamericanas serán puras ganancias diferenciales, es decir, la pérdida de lo que gane Venezuela o Irán, será ganancia para Estados Unidos. Este el verdadero objetivo de las guerras, ni la libertad, ni la democracia, simplemente el beneficio económico.
La especulación y la usura, entre la oferta y la demanda, se cierra el ciclo capitalista y se convierte en la gran fuente de ganancias, que están determinadas por los precios de mercado. Se especula con el precio de los bienes, de los servicios, del sector inmobiliario, haciendo subir artificialmente los precios de las viviendas. Poco a poco se asfixia a las clases populares. Y, en lugar de luchar, votan a la extrema derecha para estar aún más esclavos del capitalismo.
El dinero acaba alterando el valor real de las mercancías, de los servicios, favoreciendo la especulación del sistema financiero mundial. La economía prioriza la especulación y el consumismo. Donde la mayoría de la sociedad sufre la precarización laboral, el empobrecimiento generalizado, la subordinación y la explotación. Mientras unos pocos, se enriquecerán a costa de toda la sociedad.
El objetivo de Trump es favorecer los intereses comerciales estadounidenses mediante el uso de sus fuerzas armadas. No preocupan los regímenes políticos, ni la democracia, ni la pobreza, ni la devastación medioambiental… Donde unas grandes empresas petroleras y tecnológicas con la connivencia de los gobiernos, marcan la pauta en las relaciones internacionales.
Sucedió con la pandemia, con la guerra de Ucrania y ahora con la guerra de Irán. Cada crisis termina con los mismos pagando los platos rotos, ahora por la decisión del mandatario de los Estados Unidos. El Gobierno de España ha dicho «No a la guerra«, no cederán las bases conjuntas para atacar a Irán. Se puede preparar otro escudo social para paliar las consecuencias de esta crisis. Que después no será refrendado ni por el Partido Popular, Vox y Junts.
Nos espera una subida generalizada de precios, de la inflación, un supuesto embargo comercial por parte de Estados Unidos. Una etapa de inseguridad internacional al capricho de Trump, un aumento del voto de la ultraderecha… La suerte está echada.

