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Emergencia de desigualdad.

Cuando hablamos de emergencias, podemos hablar de emergencia climática, sanitaria, ambiental, humanitaria, de recursos y también de emergencia de desigualdad. Cuando Amancio Ortega fundador y accionista mayoritario de Inditex, aparece en la lista de la revista Forbes con una fortuna de 109.900 millones. Está claro que hablamos de un gran empresario, pero también de una emergencia de desigualdad. Que la riqueza del hombre más rico de España, suponga el 42,5% de 292.100 millones de euros, que es la riqueza de los 100 españoles más ricos de España. Supone también desigualdad.

Desigualdad es un concepto comparativo, entre distintas categorías sociales, entre los que tienen muchos bienes y los que carecen de casi todo, entre los que tienen mucho dinero y los que no lo tienen. En una época del desmantelamiento del Estado de bienestar: de la privatización de lo público, de la falta de protección pública y de la pérdida de derechos sociolaborales. Con tasas de desempleo que no bajan, con una mayor precarización y estacionalidad de los trabajadores y trabajadoras, con el descenso de la capacidad adquisitiva de salarios, pensiones y prestaciones de desempleo. Con la imposibilidad de poder adquirir una vivienda o simplemente de poder ahorrar. Resulta, que hay una lista de personas, empresas y empresarios que aumentan su cuenta de resultados, que cada vez atesoran más dinero y bienes. Eso se llama injusticia social.

Son esas personas que dominan la economía española y mundial, que han hecho grandes a sus empresas según ellos por su visión anticipada, por su control del riesgo y sobre todo por su trabajo y esfuerzo, aunque lo hay también por herencia. Son los convencidos de que la desigualdad es justa, necesaria e imprescindible para garantizar el crecimiento económico, lo que infiere una mejora del bienestar de la población. Pero, sobre todo los ricos, acumulando más riqueza que es incompatible con la igualdad.

Los ricos no son malas personas, simplemente piensan en tener más, nunca tienen límites a su ambición y fortuna. Los empresarios están convencidos que son ellos los generan riqueza y donde los empleados son simplemente una parte. Está claro que existe un conflicto en nuestra sociedad capitalista, entre riqueza e igualdad. Sería necesaria una revolución social para remediar las desventajas de origen, las que condicionan el proceso de la desigualdad y avanzar en la igualdad. Pero, eso no es utopía, es imposible en este neoliberalismo que nos envuelve.

Ni la familia Ortega de Inditex. Ni Rafael del Pino, presidente de Ferrovial. Ni Juan Roig, presidente de Mercadona. Ni Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca. Y así, una larga lista de los 100 más ricos de España, ninguno estaría dispuesto a poner límites a su fortuna y por supuesto, nadie estaría a favor de perder una acumulación de riqueza que es resultado, según ellos, de su inteligencia y trabajo duro.

La cuestión es la redistribución de la riqueza con impuestos, para compensar la injusticia que es inherente a la economía de libre mercado. Necesitamos una justicia fiscal, que reequilibren las diferencias. Si las políticas fiscales de los partidos neoliberales y conservadores es bajar impuestos a los ricos y privatizar lo público, no estamos favoreciendo la auténtica igualdad de oportunidades y se legitima que los millonarios sean cada vez más ricos.

Estas fortunas que son recompensa del supuesto mérito y esfuerzo, de una falsa meritocracia, de utilizar paraísos fiscales, que hacen acciones de filantropía y mecenazgo, por sus deducciones fiscales. Son las que tienen que servir para remediar una emergencia de desigualdad. Si no se puede impedir que los ricos sean cada vez más millonarios, tienen que pagar más impuestos. La ciudadanía tiene que ser consciente que solo aumentando los impuestos sobre el capital acumulado, los impuestos a la banca y energéticas, el impuesto a las grandes fortunas, la subida del IRPF para las rentas más altas, el que una gran empresa no puede pagar por el Impuesto sobre Sociedades, un tipo general inferior a un autónomo… Una política fiscal justa, no remediará que los ricos sean más millonarios, pero sí ayudara a mantener el estado de Bienestar.

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