Hablar de uno, puede ser de mala educación. Escribir cada 14 de marzo, que es mi cumpleaños, puede ser un poco egocentrista. Por supuesto reiterativo y sin ningún interés para los demás. Cumplir 67 años de vida, significa conformarme con la imagen que me devuelve el espejo cuando me miro. Es una imagen invertida de mi mismo, son mis rasgos, aunque es la simetría opuesta con la que me ven los demás. Aprovecho, que el espejo me muestra una sucesión de momentos cambiantes que supongo me acercan más a la realidad.
El espejo me ayuda a verme y comprobar que he cambiado demasiado, aún a pesar de que el espejo me refleja en dos dimensiones, mientras los demás ven en tres. No estoy totalmente de acuerdo con lo que veo en el espejo, será mi inconformismo natural. Fui al médico para explicarle, en unas notas apuntadas en el teléfono, lo que me estaba pasando. A lo que recibí su respuesta: «vida activa y dieta mediterránea«, añadiendo el doctor que «nunca antes había tenido tantos años«. Mi analítica era perfecta, menos el PSA. Le expliqué mi goteo postmiccional en los calzoncillos después de orinar. La resonancia magnética dejó claro que no tenía cáncer de próstata, que era una lesión benigna, solo era un agrandamiento de la próstata, pero había que extirparla. Estoy en lista de espera.
Después llegaron los índices altos en el seguimiento del cáncer de colon, basado en protocolos de vigilancia por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) , la consiguiente y tardía colonoscopia. Y, el descarte de tener otro cáncer. Seguí diciéndole a mi médico todas esas cosas que me estaban sucediendo, que me costaba aceptar y que veía en el espejo. Aunque, en el espejo ves lo que ves tú, que a lo mejor no es lo que ven los demás. Por ejemplo una persona con anorexia se ve gorda en el espejo, por lo tanto lo que ve en el espejo no es la realidad.
Necesitaba confirmar mis percepciones, de que cosas que me parecen fuera de lo normal lo son y si es posible, saber los motivos. Soy un viejo de 66 años, con problemas de equilibrio, lentitud de movimientos, rigidez, torpeza, con temblores en las manos… Una resonancia magnética del cerebro resolvió dudas: «leve atrofia cerebral difusa corticosubcortical» y síntomas compatibles con la enfermedad de Parkinson.
Me realizaron un DaTscan, que es un estudio de medicina nuclear utilizado para medir los transportadores de dopamina en el cerebro. Se descartó que tuviera una enfermedad degenerativa, aunque he estado más de seis meses tomando medicación para el Parkinson. Mi neuróloga me comunicó que hay una parte de mi cerebro que es la que manda sobre mis movimientos voluntarios, que está dañada por un ictus. Estoy pendiente de un eco Doppler transcraneal (EDTC) un estudio de ultrasonido para evaluar la velocidad y dirección del flujo sanguíneo en las arterias cerebrales. Estoy tomando Adiro, para prevenir otro posible ictus.
Las enfermedades pueden acortar la vida o simplemente perjudicar su calidad. Al cumplir 67 años de vida, me cuestiono ¿ cómo será el año que viene y los años que me quedan por vivir ? Tenemos que aceptar las enfermedades como algo inherente a la existencia y como una amenaza que anuncia una alteración del equilibrio biológico. Soy un viejo prematuro, con temblores, inestable, rígido, pero mi mente sigue reivindicativa, con ganas de escribir y decir lo que quiero.
¿ Preocupado ? No. La felicidad es el resultado de muchos factores y elementos, tanto internos como externos. Pero, lo más importante es seguir adelante con tus ideas, con el día a día, con sentirte rodeado de personas que te quieren. Con sentirte importante, como necesidad humana básica, sentirse valorado, apreciado y con un propósito en la vida. Cumplir 67 años, no es poco. Estoy en una carrera en la cual no voy a ser el ganador, pero donde pienso competir cada día. Deseo continuar celebrando la vida de todas las formas posibles, descubriendo cada día nuevas cosas, estando abierto a sentir y pensar.
Desde el 24 de septiembre de 2014, escribo este blog independiente, sin redes sociales, sin estrategia SEO activa, basado solo en mi opinión personal. Pagado con mi dinero, más de 300 euros de hosting anuales. Defendiendo mi libertad de expresión. Una inversión en independencia, no dependiendo de algoritmos sociales, ni de plataformas cerradas. Cumplir 67 de vida con este Aprendiz de utopía, que me ayuda para seguir escribiendo sin miedos, sin odio y sin prejuicios, hasta el día, que no pueda seguir haciéndolo. Pero, de momento sigo luchando por lo que quiero y defendiendo lo que tengo.
