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Morir en paz es un derecho.

Morir en paz es un derecho. Cuando solo se logra aumentar el sufrimiento y prolongar la agonía, por intentar respetar o defender la vida. El proceso de morir a través de una enfermedad terminal, tiene que ser enfrentado y aceptado por el enfermo. El derecho a decidir la muerte, es un decisión personal, cuando la vida no merece la pena ser vivida.

La muerte tiene que ser respetada, los enfermos necesitan vivir su proceso final y que se les permita morir en paz. No se debe alargar una vida con tratamientos paliativos con la idea de que «mientras hay vida hay esperanza», que solo consiguen prolongar la vida y el sufrimiento. Los familiares, los médicos y la sociedad en general deben respetar las creencias, sentimientos y expresiones de voluntad de los enfermos.

El derecho a decidir sobre la propia muerte, divide a la sociedad, aunque en España es legal la eutanasia. Una palabra que deriva de los vocablos griegos «eu» cuyo significado es bueno y de «thanatos» que significa muerte, por consiguiente, su significado etimológico es «buena muerte». Nadie tiene derecho a impedirlo.

El nacimiento es el primer acto de amor, pero la muerte también puede ser otro acto de amor cuando una persona sufre y no tiene ganas de vivir. Porque la eutanasia no es rendirse, es buscar la muerte para aliviar el dolor cuando no hay más solución. La eutanasia es un acto de amor para el que muere y también para todos los que están a su lado.

La muerte incomoda, asusta, interpela y divide. Para la medicina su mandato es combatir la enfermedad, preservar la vida, prolongar la existencia y evitar el dolor. Desde el punto de vista familiar, porque nadie quiere perder a sus seres queridos. Aparte de cuestiones éticas, filosóficas, legales y espirituales. Sin embargo, el que sufre y tiene el derecho a decidir es el enfermo o enferma.

Debemos de aceptar los límites de la medicina y asumir la impotencia del que no puede ser curado. Donde los cuidados paliativos ni adelantan ni retrasan la muerte. Pero, con la eutanasia la persona puede decidir adelantar su muerte, decidir cuándo morir, porque ya no puede más. La resignación y el sufrimiento es respetable, pero también la decisión de no querer aguantar más.

Yo creo que mi vida es mía y que dispongo de ella, porque el límite de la libertad personal es hacer daño a otro. Tener derecho a morir en paz, es un derecho reconocido por la ley. Donde la Iglesia sacraliza la vida y se junta con el tema de la objeción de conciencia de médicos que se niegan a practicar abortos y eutanasia. Después, está la utilización política de los partidos de derecha y de organizaciones de ultraderecha.

Noelia Castillo Ramos, de 25 años, recibirá la eutanasia este jueves 26 de marzo, tras haber obtenido la autorización de la Justicia europea. Noelia fue víctima de una agresión sexual múltiple. A raíz de ese episodio, el 4 de octubre de 2022 se arrojó desde un quinto piso para quitarse la vida. El resultado fue una paraplejia irreversible que le provoca fuertes dolores neuropáticos e incontinencia.

En 2024 tomó la decisión de solicitar la muerte asistida, que en principio fue aprobado por los organismos médicos correspondientes y contó con el aval de la Comisión de Garantía y Evaluación de Catalunya. Pero, se convirtió en un tema mediático y donde su padre se opuso a la decisión, con el respaldo de la organización Abogados Cristianos. Después de distintos recursos judiciales dentro de España, pasando por el que se han dilatado durante 20 meses.

Nadie quiere morir con 25 años, pero el derecho a decidir lo tenía Noelia. Todos nacemos y sabemos que algún día llegará la fase final de la vida, aunque no sabemos cuándo ocurrirá. La muerte puede llegar de manera brusca e inesperada. Pero, también podemos sufrir un accidente o enfermedad que no tenga una solución médica y no se conforma con alargar su vida con cuidados paliativos. En esta situación debemos respetar si esa persona decide y conforme con la ley, morir en paz.

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