La policía es un reflejo de la sociedad del tiempo que vivimos. El Cuerpo General de Policía, la Policía Armada y la Guardia Civil, fueron utilizados durante casi cuarenta años de dictadura franquista. Con todo su poder represivo en torturas y movilizaciones populares.
Durante años fueron verdugos de un régimen que los utilizó como carne de cañón para lanzarlos contra los contestatarios. Fueron odiados y fueron foco de la animadversión de varias generaciones de españoles. Que corrimos delante de los «grises» y después «maderos». Que defendían la dictadura a porrazos, con balas de goma y a veces a tiros.
Cuando llegó la democracia a España, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, se reasignaron sus funciones y tuvieron que acostumbrarse al nuevo sistema político: la democracia. Haciendo un papel fundamental en acabar con el terrorismo. Donde se rompió la imagen represora de la policía y pasó a ser, el escudo de los derechos sociales y de la democracia.
En la policía siempre han convivido sensibilidades políticas distintas como ciudadanos que son. Donde se supone hay agentes progresistas, conservadores y otros que prefieren mantenerse al margen. Ellos están abiertos a la sociedad y viven la hostilidad política, los medios de comunicación y el debate político, donde se espera su independencia e imparcialidad.
Se enfrentan a bulos, racismo, sectarización y discursos reaccionarios, donde defienden valores democráticos, pero algunos de ellos con una idea autoritaria de la sociedad. Que se ve reflejada en la representación de sus sindicatos, donde predomina unos valores cercanos a la ideología de derecha y de extrema derecha. La sociedad está cambiando y la policía son también un reflejo.
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado defienden con su trabajo la legalidad y la sociedad espera que aparte de la seguridad, sean imparciales, defensores de los derechos humanos, de la democracia y con vocación de servicio público.
Donde acuerdos de «formación en defensa personal» para 30.000 policías que impartirá la empresa de desalojos Desokupa, relacionada con Vox y ajena a los planes y programas de formación del Cuerpo Nacional de Policía.
Pero, que puede suponer una radicalización de sus agentes. Principalmente en los asociados a Justicia Salarial Policial (Jusapol), que en principio de define como asociación “apolítica y asindical, que reivindica la equiparación salarial con las policías autonómicas. Pero, con ideología muy cercana a la extrema derecha.
Todos los agentes pueden tener su ideología, pero que debe ser aparcada cuando realizan su trabajo. La policía es un reflejo de la sociedad, pero su trabajo no puede estar ni radicalizado ni politizado. Donde para las fuerzas del orden todos los partidos y ciudadanos sean iguales, por circunstancias personales, sociales, políticas, de sexo o etnia.
Por eso cuesta entender acciones violentas de la policía, el 26 de marzo por la tarde en el distrito de Villaverde (Madrid), que terminó con la detención del exdiputado autonómico y activista antirracista Serigne Mbaye, que se disponía a entrar en su domicilio. Donde un dispositivo formado por agentes de paisano y Policía Nacional ha llevado a cabo un despliegue violento con connotaciones supuestamente racistas. Que se repite en otros escenarios y situaciones.
