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La «no resignificación» de Cuelgamuros.

El verbo «resignificar» sí existe. Pero, la incorporación de «resignificación» en el Diccionario de la lengua está en estudio con el sentido de «dar a algo un nuevo significado«. En España se está empleando para el Valle de los Caídos, que fue renombrado como Valle de Cuelgamuros en octubre de 2022, tras la aprobación de la Ley de Memoria Democrática.

El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, en abril de este año, publicó un concurso internacional de ideas para la resignificación del Valle de Cuelgamuros. El objetivo era proporcionar una nueva imagen de este conjunto monumental y su entorno. La propuesta ganadora «La base y la cruz», es un ejemplo de «no resignificación»: ni se retira la cruz de más de 150 metros que preside el monumento, ni la expulsión de los monjes benedictinos que seguirán ofreciendo servicios religiosos y supuestamente el mantenimiento de la hospedería.

Resignificación es «dar a algo un nuevo significado«. No es suficiente con cambiar el acceso al conjunto, eliminando la escalinata que da acceso ahora a la Basílica y construyendo en su lugar un gran soportal que albergará una gran circunferencia abierta al cielo y un nuevo centro de interpretación. Un conjunto arquitectónico que fue inaugurado el 1 de abril de  1959, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la  de victoria en la Guerra Civil. Un conjunto arquitectónico que ha sido un instrumento de apología del franquismo y que se debería de convertir en una denuncia del golpe de Estado de julio de 1936 y de la posterior dictadura.

Exhumar a Franco el 24 de octubre de 2019 y de José Antonio Primo de Rivera el 24 de abril de 2023, fue un paso fundamental para la resignificación. Pero, ahora es reconvertirlo en un lugar de memoria y de información a los visitantes. Difícil es dar un sentido diferente con una cruz y unos monjes, que defendieron al dictador. Un presupuesto de algo más de 30 millones de euros para la resignificación de un monumento que siempre será el capricho de Franco. Una obra majestuosa de explotación, que lo hicieron prisioneros de guerra, que redimían dos días de pena, que aumentó a seis en 1943, por cada uno de trabajo. En el que se enterró a más 30.000 muertos.

La mejor resignificación hubiera sido su destrucción total y destinar el presupuesto para exhumar las 6.000 fosas que hay repartidas por toda España. Cuelgamuros siempre será el reducto del franquismo, en el que el 20-N próximo, cincuenta aniversario de la muerte del dictador Franco, se reunirán los franquistas en Cuelgamuros en la misa por Franco oficiada por los monjes benedictinos. Una «no resignificación» .

En un país aconfesional como España, que ninguna religión tiene carácter estatal.  La Iglesia Católica que apoyó a Franco en su dictadura, ahora llega a un acuerdo entre el Gobierno y el Arzobispado de Madrid del 16 de abril. Que incluye el mantenimiento de la basílica, el acceso independiente al espacio sagrado, el respeto a sus símbolos religiosos y la continuidad de la Comunidad Benedictina. Es difícil, conseguir «dar a algo un nuevo significado» cuando tantas cosas recuerdan a lo de antes.

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