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La doble moral de la Navidad.

La moral es un conjunto de normas y valores con los que las personas y grupos nos identificamos con un proyecto de felicidad. Decimos que alguien tiene, se comporta o muestra una doble moral, cuando defiende ciertos valores morales que no respeta en su conducta personal o cuando se juzga el comportamiento moral de otros, según reglas morales que esa misma persona no cumple. La doble moral, es una forma de hipocresía, una incongruencia entre lo que se hace y lo que se dice. Tener doble moral es ser hipócrita, falso y mentiroso.

La moral según la RAE se define como «las acciones de las personas desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal «. Quizás no existe una doble moral y solo existe una moral, que cambia dependiendo de las circunstancias y decisiones personales de cada uno. En estas fechas de Navidad, todo el mundo se esfuerza en simular buenos sentimientos y loables intenciones con la finalidad de creerse o parecer buenas personas. Pero, todo es una gran mentira, la Navidad la convertimos en una excusa para parecer lo que realmente no somos.

La Navidad, es una creencia cristiana basada en la moral del amor. Que se ha convertido en una excusa para buscar una felicidad absurda, carente de creencias y de sentimiento, una felicidad basada en el consumismo, en el hedonismo y el egoísmo. La sociedad ha creado dos morales como si fueran dos cajones diferentes: en uno tenemos las convicciones y en el otro lo que hacemos por los demás. La moral está centrada en las normas sociales, mientras la ética se ocupa en justificar racionalmente esas normas, reflexionar sobre ellas, cuestionarlas y, en algunos casos, cambiarlas.

Empleamos la moral para determinar si una acción puede ser definida como buena o mala, cuando decimos doble moral es cuando nos comportamos de dos maneras diferentes en una misma situación o con personas. Somos capaces de aplicar una dualidad diferente con la mayor naturalidad, enfrentándonos a dilemas éticos. Mientras llenamos nuestras calles de iluminación y adornos, nuestras casas de abetos adornados con regalos, reuniones familiares entre villancicos y con mesas llenas de comida, brindando por deseos para un Año Nuevo. Donde olvidamos una realidad de violencia, desigualdad e injusticia que nos rodea.

Donde casi nadie se acuerda de ese pueblo palestino que ha sufrido un genocidio y sigue sufriendo la opresión y la violencia de Israel. Una Ucrania olvidada en un conflicto armado, donde Rusia se sigue anexionado territorio. Las crisis humanitarias, tensiones étnicas y territoriales, hambrunas y gobiernos opresivos que obliga a huir a miles de personas fuera de sus países. De esos inmigrantes que han pasado la Navidad en la calle, como los expulsados del antiguo instituto de secundaria B9 de Badalona y que no han recibido ninguna solución habitacional.

Nos hemos acostumbrado a convivir con ejemplos vergonzosos de hipocresía, de doble moral, de doble mentira, de doble rasero… Vemos a personas que mueren en guerras, de hambre o por intentar llegar a un nuevo continente. Mujeres que mueren asesinadas por violencia de género. Indigentes en nuestras calles. Familias que son desahuciadas de sus casas, que no tienen trabajo y aún teniéndolo son pobres.  Decimos feliz Navidad a los nuestros, a los más cercanos, pero nos da igual la dignidad de todos los seres humanos, de una moral basada en el respeto a los diferentes y la capacidad de diálogo.

Una sociedad que ha instituido la doble moral, el doble rasero para diferentes grupos de personas, reglas distintas para los diferentes, para los que no están a nuestro lado. La injusticia parte de nosotros, de cada una y cada uno de nosotros, con esa hipocresía tan usual en la Navidad. Lo ético y lo decente, depende solo de nosotros. ¡ Felices fiestas !

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