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Feminismo es democracia e igualdad.

Hay personas democráticas y antidemocráticas. Unas que creen en la igualdad y otros que fomentan la desigualdad. El feminismo es democracia e igualdad llevado al límite, donde se pretende alcanzar la plenitud de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Si crees en la democracia y en la igualdad, debes creer en el feminismo. Pero, no solo hoy 8-M Día de la Mujer. Sino todos los días y en todas tus acciones.

En los años 70, las feministas entonaban el lema “Contra la violación, castración”, una consigna que era un grito de guerra contra la violencia sexual, la cultura de la violación y la impunidad de los agresores. Un feminismo que tenía una connotación de misandria, de odio a los hombres, igual que muchos varones sufren de misoginia. El feminismo creaba una lucha en la cual era difícil el entendimiento.

Eran los años de la Transición española, donde la ciudadanía había decidido escoger la democracia después de cuarenta años de dictadura franquista. Democracia con el fin primordial de garantizar la convivencia, la libertad y la igualdad entre los ciudadanos. Una España, en la que hasta el 2 de mayo de 1975, las mujeres solteras dependían del padre o tutor. Y, las mujeres casadas necesitaban la licencia marital o permiso del marido, para trabajar, abrir una cuenta en el banco, comprar propiedades o viajar.

Las mujeres eran la sumisión de un patriarcado y de un régimen, que convirtieron la cocina, la natalidad, el matrimonio, el cuidado de  hijos y mayores, además de «sus labores» en el rol de las mujeres. Su papel de sometimiento y sin apenas derechos, fue el sino de nuestras madres, ahora ya abuelas y bisabuelas. Lo digo para los que se atreven a decir que «con Franco se vivía mejor».

Llegó la democracia y las mujeres se integraron en el mundo estudiantil y laboral, pero siempre en un segundo plano, con menos posibilidades, alternando «sus labores» y cobrando menos que los hombres. Las mujeres y por tanto el feminismo, tuvo que luchar para hacer cambiar las leyes, para romper el techo de cristal, para no ser sometidas. Para intentar cambiar la sociedad.

Han pasado más de 50 años y la mujer se ha equiparado en derechos con los hombres. Pero, la mujeres siguen siendo percibidas por un machismo social extendido, como personas de segunda clase o tratadas como simples objetos. Son acosadas, violadas, maltratadas, asesinadas, donde todo esto, se ha llegado a normalizar.

Diez mujeres y dos crímenes vicarios, una niña y un niño asesinados por agresores machistas en España en menos de dos meses en este 2026. 1.353 mujeres asesinadas por Violencia de Género desde el 1 de enero de 2003. Un terrorismo de género que rebasa las muertes del terrorismo de ETA y que continúa creciendo cada día. Donde la mujer, si no obedece, no consiente o simplemente protesta, se la asesina o se mata a sus hijos, para producir más dolor.

Si la democracia venció al terrorismo de ETA, no ha sido capaz de vencer al terrorismo machista. El feminismo sigue vendido por una sociedad que desprecia y menosprecia a las mujeres. Una sociedad que no ha sido capaz de transmitir a los más jóvenes, que el feminismo es democracia e igualdad al límite y sin excepciones. Donde los inmigrantes y las mujeres son a los que les toca hacer las cosas, que no quieren hacer el resto de la sociedad.

Hoy 8-M es un día para protestar, para reivindicar más feminismo, democracia e igualdad. Han pasado más de 50 años de la dictadura franquista y seguimos con esos dictadores de cabeza y de entrepierna, que no consideran a las mujeres en plano de igualdad. A muchos hombres les molesta la igualdad de las mujeres.

Salvo excepciones, las mujeres son las que cuidan a nuestros hijos y mayores, hacen las labores del hogar, trabajan por menos sueldo, son las que piden la excedencia en su trabajo, las que se convierten en objetos sexuales y de reproducción… Donde el hombre es violento y la mujer debe ser sumisa. Y, además son asesinadas.

Algo está fallando en esta sociedad democrática, donde las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres, donde la legislación no se aplica. Una democracia que asigna a la mujeres la misma máxima que en el franquismo: «la mujer honrada, en casa y con la pata quebrada». Queda mucho por luchar, queda mucho por hacer.

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