En España, la libertad religiosa es un derecho fundamental garantizado por la Constitución y regulado por leyes que buscan el equilibrio entre la laicidad del Estado y el respeto a las creencias de la ciudadanía. Siempre respetando el dolor de las víctimas y su decisión, del accidente ferroviario de Adamuz, de no querer asistir al funeral de Estado previsto en Huelva para el 31 de enero. Y, cambiarlo por una misa funeral, hoy en Huelva.
Puedo entender que no se presten los familiares de las víctimas a la mercantilización de su dolor, que no quieran asistir a un funeral de Estado por su connotación y utilización política. Pero, no entiendo, aunque respeto, que el mismo acto de duelo colectivo. se presten a hacerlo en una misa funeral. En la cual habrá una representación institucional y política. Desconozco si todas las víctimas eran católicas, pero parece que se ha optado por imponer su doctrina.
Porque no es lo mismo pedir una misa a nivel particular de cada familiar, como un acto de fe y misericordia, donde se pide por el alma del difunto para su descanso, que hacer una misa funeral colectiva, en la cual el PP confía en que no acuda ningún miembro del Gobierno, especialmente el ministro de Transportes, Óscar Puente.
«Sería cruel. Su permanencia es un insulto a las víctimas, pero verle en Huelva sería una provocación«, según manifestó este lunes el vicesecretario de Hacienda, Vivienda e Infraestructuras del PP, Juan Bravo. Una actitud que tiene muy poco de cristiana, el «confiar» que suena casi a prohibición. Cuando ser cristiano implica amar al prójimo y no discriminar a nadie, siguiendo el ejemplo de Jesús, quien acogió a todos.
No comprendo el pretexto de no celebrar una ceremonia laica por la tradición cristiana de la provincia de Huelva. Y, rechazar la laicidad de un funeral de Estado como muestra de igualdad y solidaridad entre creencias, por una misa funeral católica con presencia también institucional, política y mediática. Vivimos en un país donde según la Constitución Española es un estado aconfesional, hay libertad religiosa y donde se respetan los derechos de los demás.
España y especialmente Andalucía es un claro ejemplo de confesionalismo institucional, basado en la tradición y la cultura, donde la Semana Santa, romerías, procesiones…, son apoyadas institucionalmente y financiadas con recursos públicos, en una sociedad plural. Donde la tradición y la cultura impone unas creencias a toda la ciudadanía, olvidando la pluralidad de creencias, sensibilidades e ideologías presentes en la sociedad española y andaluza.
La laicidad es ante todo un principio de concordia, basado en lo que nos une y no en lo que nos separa. Lo que nos une en este acto colectivo es el dolor y la solidaridad con las víctimas. La fe y la misericordia son propias de un acto religioso en la que quizás sobran todos los medios de comunicación, la presencia institucional y política. Al final, la pugna entre misas y el rechazo a la laicidad, se ha convertido en una utilización política que un flaco favor a las víctimas y a sus familiares. Donde se olvida el respeto, la igualdad, la integración y la pluralidad.
