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El discurso de la ultraderecha gobierna la Generalitat Valenciana.

Cuando se emplea la expresión coloquial «blanco y en botella», todos pensamos rápidamente que «blanco y en botella», solo puede ser leche. Podría ser horchata, pero pensamos en la leche. Si Juanfran Pérez Llorca, presidente de la Generalitat Valenciana, perteneciente al Partido Popular que suple a Carlos Mazón en su discurso de investidura, ha asumido punto por punto el discurso de la ultraderecha. Podemos afirmar que «blanco y en botella«: la Generalitat Valenciana está gobernada por Vox.

Un discurso de la ultraderecha de Pérez Llorca que podría pasar perfectamente por cualquier dirigente de la extrema derecha: considera el Pacto Verde como una amenaza, ha pedido la prórroga de la central nuclear de Cofrentes, limitar la migración, fomentar la repatriación de menores migrantes. Ha asegurado que Vox tenía razón cuando abandonó los gobiernos autonómicos con el PP en julio de 2024 por la cuestión migratoria. Y, además, ha añadido la exigencia de Santiago Abascal de la construcción de infraestructuras hidráulicas en la Comunitat Valenciana, aunque las competencias son del Estado.

Todos los analistas, hablan del auge de la ultraderecha de Santiago Abascal, que podría lograr un récord histórico en las próximas elecciones generales y especialmente en la Comunidad Valenciana. El PP no rentabiliza su estrategia de oposición al Gobierno y su mala gestión de Mazón le condena a perder votos. El Pacto del Botànic que se inició tras las elecciones autonómicas de 2015, entre los partidos PSPV-PSOE, Compromís y Podemos, parece bastante inviable. El discurso de la ultraderecha cala cada día más en la Comunidad Valenciana, ante las noticias de corrupción del PSOE a nivel nacional, la falta de liderazgo del PP y la poca relevancia de Compromis y Podemos.

Parece que tendremos que acostumbrarnos a que nos gobierne la ultraderecha, sea con un Gobierno del PP respaldado por Vox o incluso algún día gobernando en solitario la ultraderecha. Las fuerzas progresistas no lo pueden hacer peor y el resultado está a la vista. Porque intentar influir en la intención de voto por miedo «a que viene la ultraderecha» es puro electoralismo y demagogia. A la ultraderecha no se le frena solo con el miedo, hay que pararla haciendo buena política.

Tras 50 años de la muerte del dictador Franco  y la euforia de la supuesta «transición democrática» hay muchos españoles y españolas que desconfían de esta democracia y de los partidos tradicionales. El manoseado «voto útil» no es un argumento suficientemente sólido para frenar al fascismo y el neoliberalismo. La democracia permite que la ciudadanía exprese su opinión y no olvidemos que la democracia facilitó la llegada al poder de Hitler, en Alemania entre 1931 y 1933, aunque  su propósito era destruirla.

El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, también conocido como el Partido Nazi, intentó captar el voto «obrero» y descontento alemán. La ultraderecha actual ha arrebatado a la izquierda, la protesta de los olvidados, de los indignados, buscando culpables fáciles de identificar: corrupción, inmigración y falta de control férreo. Todos no son fascistas, pero están de acuerdo en votar a partidos fascistas. Mientras, los partidos progresistas siguen sin reaccionar.

En la Generalitat Valenciana gobierna el discurso de la ultraderecha, mañana puede ser en toda España. Hoy Black Friday, es un viernes negro para la política española: un fallo que condena al Fiscal General del Estado en una supuesta caza de brujas, el juez envía a prisión al exministro Ábalos y a Koldo García por corrupción y el discurso de la ultraderecha gobierna la Generalitat Valenciana. ? Alguien da más… ?

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