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El desprecio de la política española.

El desprecio de la política española y descrédito de la clase política, no sé, si tiene que ver con que es la única profesión para la que no se necesita una preparación específica. O, que los elegidos por los partidos políticos son colocados en unas listas cerradas, donde los electores votamos a sus partidos políticos. Por lo tanto, no votamos a las personas. No podemos valorarlos por su preparación, capacidad, liderazgo, credibilidad, honradez, compromiso social, transparencia o autocrítica.

Conocemos a nuestros políticos en las sesiones del Congreso y Senado, en los mítines políticos, en las comparecencias en los medios, en las redes sociales. Un buen político, es algo más que una persona que cumpla con todo lo prometido, debe ser alguien que tenga empatía, que no trate con desprecio a la sociedad, independientemente si hemos votado o no a sus siglas.

Después de más de tres horas y media escuchando y viendo la comparecencia de Alberto Núñez Feijóo de este lunes, en la comisión de la Cámara Baja, que investiga la gestión de la DANA del 29 de octubre de 2024, que dejó 230 fallecidos en Valencia.

Recuerdo aquella frase de Napoleón I Bonaparte: «Si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión”. Cada vez que una administración pública anuncia la creación de una comisión, grupo de trabajo, consejo, comité o foro para tratar un determinado tema, con la finalidad de conocerlo y hacer un informe. Parece que casi nunca, alcanza su propósito.

No quiero profundizar en la comparecencia de Feijóo, en su capacidad de mezclar «churras con merinas», de esquivar las preguntas de sus señorías, de la defensa implícita de Mazón y el ataque al Gobierno de España en sus responsabilidades. Pero, lo que realmente me preocupa es el desprecio. Que dice mucho de la catadura moral de ciertos políticos, de su ausencia de respeto, falta de atención y su incapacidad de considerar a los demás.

A los políticos se les olvida con demasiada rapidez las catástrofes y los accidentes, principalmente las víctimas y sus familiares. Parece que solo sirven para utilizarlos en sus confrontaciones. El no prestarles atención, el no hacer lo suficiente, incluso mentirles es una forma de desprecio.

Sentirse despreciado es lo contrario a sentirse aceptado. El desprecio duele. Pero, parece que es algo que parece no puede evitar la clase política, aunque quizás no sea premeditado. Estamos hablando de sentimientos, donde no se puede ignorar el dolor o fingir que no te duele. Simplemente es ponerse en su lugar.

Decepciona que una comparecencia entre personas adultas, preparadas y con supuesta vocación política, puedan tener tan poca empatía y muestren tan poco respeto a la ciudadanía. Que es un ejemplo más, de lo que es la política española dentro y fuera del Congreso de los Diputados y del Senado

Todo esto hace que la ciudadanía se sienta excluida y desencantada con la política y sus políticos. No es cuestión de siglas, ni de ideologías, todo el mundo ha bajado a la ciénaga. Donde parece que solo la extrema derecha saca partido.

Los ciudadanos y ciudadanas necesitamos políticos que nos escuchen, que mejoren la sociedad. Que estén con las víctimas y familiares de la DANA, con los del accidente ferroviario de Adamuz y Gelida. Que comprendan por lo que están pasando, cómo se sienten y qué hacer por ellos. Para eso les votamos. No para hablar, ahora de ETA.

El desprecio es un pensamiento negativo que influye en lo que esperamos y en cómo actuamos. Que no pasa solo de los políticos hacia la ciudadanía, pasa también entre los propios políticos. Donde se echan la culpa, se exageran sus errores y se induce a creer cosas que no son ciertas. Un rechazo que hace mucho daño al entendimiento, por lo tanto al consenso y por lo tanto, a la mejora de la sociedad.

Todas estas muestras de desprecio de la clase política, hace que la ciudadanía lo pague con su indiferencia. Cuestión que aprovecha la extrema derecha para poner en duda a la democracia y a sus instituciones. Cada vez que las políticas y políticos no hacen lo que tienen que hacer, dan votos a la extrema derecha. Y, la ciudadanía, cada vez más apática y descreída con la política y la labor de los políticos.

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